El conflicto entre Israel y Hamas ha puesto a flor de piel muchas visiones en la ciudadanía. La polarización parece agudizarse de un lado y el otro y la intolerancia está a la orden del día.
¿Cuán prejuiciosos somos los uruguayos con los judíos? ¿Predomina en la izquierda un sentimiento antisemita? ¿Se victimiza la colectividad judía? ¿No es el sentimiento antijudío una característica de la derecha? ¿Creció el racismo en nuestra sociedad? ¿No se confunde el gobierno israelí con el pueblo judío?
La izquierda antisemita
Francisco Faig
Retomo, luego de seis añoS casi, mi contribución en Voces, porque vale la pena decir algunas verdades al lector seguramente filo- izquierdista que mayoritariamente lee este semanario de larga tradición en ese campo político.
Con este asunto de Israel y Gaza, es claro que se ha desatado un antisemitismo muy amplio en el izquierdo mundo occidental. Dos singulares realidades lo muestran: dar por buena la información de lo que ocurre en Gaza que propalan grupos terroristas y afines; decidir conceptualmente que lo que allí ocurre es un genocidio. Lo primero es acorde al ademán clásico de la izquierda, esa que creía en las mentiras de Stalin a pie juntillas; lo segundo es una novedad atizada por grupos de interés islamistas activos en Occidente y a la que ha adherido la gran mayoría de la izquierda en el mundo.
En Uruguay se fue afianzando ese antisemitismo en la izquierda. Es importante que quede claro: el Frente Amplio (FA) ha adherido a un discurso antisemita internacional, ha propalado las mentiras del campo islamista, se ha hecho cómplice de un diagnóstico falso y miserable de lo que ocurre en Gaza, y se ha sumado así a la campaña infame del asunto del genocidio. Nadie quedó a salvo: ni el FA como partido, ni sus intelectuales afines que en vez de marcar límites y rendir culto a la verdad, se sumaron a la mentira de pretender que Israel lleva a cabo un genocidio y que es verdad lo que se informa por parte de Hamas y sus colaterales sobre lo que ha ocurrido en Gaza.
Es una vergüenza histórica más para el FA. No es la primera, claro está: desde el estalinismo convencido de su comunismo fundacional, pasando por las traiciones miserables de Trías o siguiendo con las justificaciones a las dictaduras de Chávez y de los Castro, la verdad es que la izquierda de Uruguay hace más de un siglo que arrastra y vocifera sus miserias en el campo internacional político e intelectual.
En este asunto antisemita me resulta igualmente asombroso, a pesar de que con los años la infamia izquierdista cada vez me asombra menos, cómo es posible que tantos y tantos integrantes de la colectividad judía y a su vez connotados integrantes del FA acepten en silencio y resignados esta esencia asquerosa de su izquierda. Por supuesto, también hay antecedentes en esto de las miserias morales extremas: es aquello de Jean Paul Sartre de esconder a sabiendas los crímenes de Stalin para no dañar a la causa comunista en Occidente.
¿La causa de la unidad del FA es tan potente como para acallar a todos aquellos que saben perfectamente que la izquierda miente? ¿Tan estalinistas de alma son, que ni siquiera respetan la verdad de los sufrimientos más atroces de sus propios paisanos, que viven acorralados por bestias árabes terroristas en distintos frentes? ¿Tan irracional es la adhesión al FA que no pueden decir que lo que hace Israel NO es un genocidio?
No hay antisemitismo en el Uruguay. Hay antisemitismo, evidente, potente, asqueroso, en la izquierda del Uruguay. No es lo mismo. Háganse cargo.
Uruguayos fáciles de manipular
Ricardo Barboza
A raíz del conflicto en la Franja de Gaza o mejor dicho la intensificación de este a partir del 7 de octubre, Hamas ha establecido como objetivo estratégico lograr el desprestigio del Estado de Israel a nivel internacional sabiendo de antemano la respuesta que tendría, ya que las fuerzas armadas israelíes tienen asumida como doctrina la respuesta militar fuerte.
Esto permite maximizar lo que se conoce como guerra hibrida (zona gris) la cual para esta situación es lograr a lo largo del tiempo estratégico un cambio de la opinión pública o la maximización de factores que pueden ser disruptivos en la sociedad.
Dentro de este marco se han multiplicado las expresiones de prejuicio que siempre existieron especialmente con los judíos, sin dudas no solo el ritual diferente a la mayoría(cristianos) y la acusación mítica de haber matado al Dios cristiano hicieron que siempre fueran cuestionados. Para la mitad del siglo XX después de haber sido la víctima atacada por sus vecinos árabes pasó de ser el débil a ser el fuerte, para la sociedad en general (no para el judío) la experiencia del genocidio nazi se amortiguaba cada vez más con el tiempo.
Tampoco hay que dejar de lado que la misma colectividad marginaba a todo aquel que no perteneciera a de las actividades o vínculos más próximos a la colectividad como festividades, matrimonios etc., colaborando con ese sentimiento antijudío. El gran catalizador fue la adopción de sus costumbres y su modelo político elemento integrador de cualquier migración a una sociedad local sin olvidar ellos de dónde provienen y qué problemas presenta la tierra religiosamente prometida.
Los últimos eventos sumado al bajo nivel educativo basado de las nuevas generaciones desde la X (nacidos entre 1964-1979) a las más inmediatas la Z (1997-2012), la falta de comprensión y el análisis de los temas han hecho que los uruguayos seamos más prejuiciosos y fáciles de manipular. A todo esto, se incorpora un conjunto de actores que ven en esta situación una oportunidad de explotación política a su favor, esa “gelatina de valores” que hace imposible entender cómo se odia a una democracia y no se comprenda que la sociedad es diferente a un gobierno.
A este argumento se adiciona que antiguamente se los tenía como culpable de todos los males, siendo sencillo de identificar, por su vínculo a las actividades tradicionales que practicaban (los préstamos con usura castigados por la iglesia católica), eso genera ese sentimiento de tener un enemigo que aglutine y lo utilice en beneficio propio, aunque no lo pueda explicar.
En nuestra sociedad no creció el racismo; creció solo contra el judío hacia la mezcla de cosas que representa entre decisiones de gobierno mezcladas con la sociedad judía, el no comprender la situación bélica, el no entender que no es lo mismos el sionismo que ser israelí o judío.
Para terminar, esta colectividad que es plural fuera de su territorio nacional, no sabe cómo enfrentar este problema de noticias impactantes de corto período, sistemáticas, que buscan explotar estar zona gris de la guerra híbrida, creo que no se victimiza, repito, sino que no sabe cómo reaccionar a nivel local tanto como no sabe reaccionar a nivel internacional el mismo gobierno israelí.
La potencia de las grietas
Megan Zeinal
“No hay una sola herencia judía,
sino herencias en conflicto”.
Jaques Derrida.
En tiempos en que los discursos tienden a la simplificación y a la anulación, reconocer las diferencias permite resguardar la pluralidad ahí donde el lenguaje se endurece. La guerra en Gaza seguramente proyecte múltiples significaciones aún por descifrar. Pero hoy voy a dedicarme a una ya innegable: la guerra provocó la multiplicación de diferencias en la ética interna del pueblo judío. Las grietas que se reprodujeron no responden solo a posiciones políticas y de opinión, sino a la capacidad de pensar y empatizar con lo que no es propio.
Las diferenciaciones no son solo ideológicas, sino también afectivas, en la medida en que provocan empatías selectivas. Algunos ya no pueden reconocerse en ciertas dinámicas y relatos autojustificatorios que clausuran la crítica desde dentro. Este fenómeno no es menor y manifiesta desgarramientos de una conciencia colectiva que durante mucho tiempo resistió a través de una memoria que necesitaba ser condensada para sobrevivir. Lo que llamábamos común, la guerra lo visibilizó fisurado.
Muchos judíos uruguayos entienden que el apoyo incondicional al Estado de Israel es lo deseable para una condición judía atravesada por heridas profundas -de historias de exilio y exterminio- que, justificada o no, los lleva a una adhesión ilimitada fundada en el miedo. Pero este mecanismo de adhesión incondicional es bastante endogámico y no acoge verdaderamente ninguna narrativa ni realidad que no sea fundada en la pertenencia. En algunos casos, el gesto se emparenta incluso con la obediencia ciega a un gobierno que, para perpetuarse, ha ido progresivamente erosionando la democracia israelí agudizándose a través del estado de emergencia. Lo preocupante de tal adhesión acrítica y ensimismada es que, lejos de construir condiciones de posibilidad para la garantía de derechos de la condición judía, reduce los lazos de diálogo y se vuelve autodestructiva.
Otros quedaron paralizados, confundidos, enmudecidos, padeciendo extrañamientos sin que por ello de su silencio pueda inferirse la promoción de un genocidio. En contraste, miles de judíos rechazan y critican abiertamente los abusos defensivos de Netanyahu y del gobierno actual, denuncian y desean que sean llevados a la justicia, porque abogan que no hay derecho a la existencia ni a la protección que pueda fundarse en la aniquilación de una sociedad civil. De hecho, entienden que denunciar las tendencias autoritarias del actual gobierno de Israel no es traición al pueblo judío, sino un acto de profundo cuidado y fidelidad. Incluso hay quienes llevan este tipo de posturas al plano de la acción contribuyendo más a la producción de un judaísmo crítico y plural. Pero con nombrar las posturas no podría ni siquiera abarcar ni ilustrar un ápice de la inmensa polifonía diferenciada que el judaísmo significa.
Nombrar lo agrietado en el pueblo judío y en la sociedad israelí es la forma que hoy encuentro de transgredir las narrativas monolíticas que pretenden reducir el conflicto a binomios uniformes y estériles. Desde esta óptica, las divergencias que hoy se manifiestan no son una total falla, sino la expresión misma de una apertura estructural que el acontecimiento bélico hace audible. Tomaré estas diferentes texturas de la identidad no solo como una pérdida, sino como una potencia hacia una transformación que hoy resulta impostergable. Las grietas no solo fragmentan: abren. Y tras lo quebrado, la forma ya no garantiza su clausura. Allí donde el sujeto identitario se fisura, se abre también la posibilidad de escuchar lo otro.
Con visibilizar diferencias no busco reproducir dolor, sino desestabilizar las narrativas de rechazo, reproches y asunciones indiscriminadas que totalizan la escena. Los discursos uniformizantes provocan un desconocimiento que infunde odio y cancela toda la complejidad del judaísmo y de la sociedad israelí, reduciéndola a una abstracción culpable, incluso en la diáspora donde ni siquiera hay adhesión política alguna ni posibilidades reales de participación ciudadana. De hecho, las suposiciones generalizantes e indiferenciadas hacia cualquier grupo representan un modo de violencia que reproduce reducciones y anula los matices que podrían colaborar con escenarios de paz.
Desde esta óptica, las fisuras manifiestas de la condición judía que el acontecimiento bélico acentúa pueden convertirse en la expresión de una apertura estructural necesaria. En lo agrietado se abre el pasaje a algo nuevo que puede advenir. Un desgarro no es solo un defecto, sino una posibilidad de transformación: porque allí donde la identidad y el discurso se quiebran, el pensamiento se vuelve poroso, y capaz de alojar una otredad. Solo una identidad que se deja tocar por lo que no es ella abre la posibilidad de la justicia.
Confío en que estas tensiones que operan la herencia y la crítica abran nuevas formas de revisión y posibilidades reales de escucha. Que haya condiciones para más reflexiones que busquen descomponer con cuidado las dificultades del trauma y la repetición, más escenarios que ablanden la escena. Si bien siempre la opinión pública se caracteriza entre voces heterogéneas y disonantes, las modificaciones se acercan más cuando emergen fragilidades que acontecen dialogantes. En un mundo saturado de certezas ideologizadas, hacerle lugar a la confusión parece estar más al servicio de la unidad que la radicalidad de una adhesión estética. Porque la palabra crítica, cuando nace de la sensibilidad de una herida, no divide: acoge.
Contra el Sionismo anti-humanidad
Oscar Mañán
Primero, abordemos el significado de los conceptos. La pregunta de la semana utiliza una definición de semitismo popularizada en el SXX, pero que no se corresponde con los términos originarios. El término semitismo ya tiene una intención de segregación desde sus orígenes, nacido de la modernidad europea que no solo nombró “semitas” a los pueblos de orígenes no “arios”; también “indigenizó” (llamó indios) a los habitantes originarios de América. En tal sentido, la utilización actual del término “anti-semitismo” ya tiene una connotación nacionalista extrema y segregadora que debe precisarse.
Los pueblos nombrados semitas, ya sea por su raíz lingüista o cultural (lenguas o dialectos, como creencias y religión) o por su origen (desendientes de Sem hijo de Noé) no se agotan en el pueblo judío, sino que incluyen a otros pueblos árabes que geográficamente se extienden por medio-oriente (desde el desierto arábico) y al norte y este de África. Con esta definición, el pueblo uruguayo no es anti-semita, ya que no rechaza los pueblos semitas (Palestinos, Arameos, Fenicios, etc.).
Tampoco el pueblo uruguayo rechaza a su homólogo judío (en el sentido religioso, ni a los israelitas), más allá que en el imaginario cultural se rescatan características jocosas de las personas que se entienden discriminatorias pero que hacen al humor popular de los pueblos.
Uruguay, por supuesto, tiene una cuota de racismo, machismo, u otros “ismos” tal vez comparables con países de la región o incluso con los que culturalmente tiene historias sociales y políticas comparables.
El sionismo en cambio, es una ideología política, ultra nacionalista, que en la práctica y a partir de la cúpula gobernante de Israel desarrollaron una política imperialista y expansionista, cuestión fácilmente demostrable desde la misma creación del Estado. Asimismo, la escalada nacionalista y las acciones contra la humanidad que viene llevando a cabo el gobierno de Israel contra el pueblo palestino, y la política belicosa contra otros vecinos de la región, quizás sería entendible un sentimiento anti-sionista. Doy fe que los judíos que conozco (tal vez sin valor estadístico, pero sí teórico) no apoyan y señalan las atrocidades que el gobierno de Israel y sus aliados occidentales (algunos ya se bajaron) y no dudan de tipificarlas como genocidio.
Buena parte del pueblo uruguayo también se avergüenza de su gobierno, cuando con su silencio se vuelve cómplice de la visión segregasionista dominante en el Estado de Israel y sus acciones de agresión con fuerza desmedida y con crímenes contra la humanidad. Países de África y Europa lo denuncian en la ONU, algunos aliados históricos de EEUU e Israel y otros países latinoamericanos que se consideran progresistas rechazan e incluso cortan relaciones diplomáticas con Israel.
Las autoridades políticas del paisito, cuidan las formas, no se meten con los poderosos, pero alzaron su voz para señalar la “falta de democracia” en Venezuela (cuando lo pedía la ocasión) y hoy tal vez aplaudan el “Nobel de la Paz” a Corina Machado (quien pide intervención militar extranjera en su país), o al mismo Trump si hubiese sido el galardonado.
UN CUENTO DE HAMÁS ACABAR
Gerardo Tagliaferro
Diez reflexiones sospechosas de “antisemitismo”.
1. Imaginemos que un comando criminal perpetra un atentado, mata, toma rehenes y se refugia en un barrio, asentamiento, villa, caserío, complejo edilicio, en cualquier lugar donde vive mucha gente. ¿A alguien se le ocurriría lícito mandar al ejército o la fuerza aérea de ese país a bombardear el lugar, con la gente inocente adentro, con el fin de aniquilar a los delincuentes y rescatar a los rehenes? ¿Verdad que no? ¿Por qué si lo hace un estado sobre la población de otro, a muchas personas honestas y sensatas les parece razonable? La respuesta no es sencilla, al menos para mí, así que voy a dejar solo la pregunta.
2. En los últimos dos años, en Gaza no hubo ninguna guerra. No hubo dos ejércitos, dos bandos enfrentados, bajas de un lado y otro. Lo que hubo fue -en el marco de un añejo conflicto- una madrugada de terror generada por una organización que practica el terrorismo sobre una población civil indefensa y que dejó 1.200 asesinados y 250 secuestrados. Y tras eso, dos años de agresión militar contra otra población civil indefensa, con más de 67.000 asesinados, la inmensa mayoría culpables de nada.
3. Hamás es una organización que practica la violencia contra civiles inocentes como forma de lucha y por eso debe ser condenada, sea cual sea la razón de esa lucha.
4. El Estado de Israel, con el objetivo declarado de destruir a Hamás y rescatar a los rehenes, usó métodos similares y causó cincuenta veces más víctimas. Un enclave de democracia y civilización como se supone que es Israel en una región dominada por regímenes autocráticos descargó durante dos años democráticas bombas y civilizados misiles sobre seres humanos inocentes e indefensos.
5. “Israel tiene derecho a defenderse”, dicen. Exactamente lo mismo que creen los militantes de Hamás y de otras organizaciones de la resistencia palestina, para quienes Israel es una potencia invasora y opresora. La diferencia debería estar en los métodos que utilizan “bárbaros” y “civilizados” para hacer valer los que consideran sus derechos. Debería estar, pero no estuvo.
6. Los judíos tienen todo el derecho de creer que son el pueblo elegido de Dios. Lo que la comunidad internacional no puede permitirle al Estado de Israel es que detrás de esa creencia se ocupen territorios a sangre y fuego, o se defienda de quienes lo combaten matando a más de 60.000 inocentes. Salvo que creamos, con Pettinati, que “en Gaza no hay inocentes”.
7. No sé en qué grado puede existir antisemitismo en Uruguay, no tengo información para dar una respuesta contundente. Tiendo a pensar que existe, pero es marginal.
8. Pero hay dos cosas que sí están claras, creo yo: Una, que a la colectividad judía no le hace ningún favor que quienes hablan en su nombre, en general, intenten justificar lo que cada día resultó menos justificable y que ninguno de ellos justificaría en otros. Otra, que esa burda acusación de “antisemitismo” a cualquier crítica al comportamiento criminal del gobierno de Netanyahu, cada vez convence a menos gente.
9. El tema es complejo y tiene muchas puntas, imposibles de abarcar en este espacio ni por mi limitada capacidad de análisis. Pero cualquier discusión debería partir de una base, entre gente civilizada: no hay fin que justifique cualquier medio, como dice Drexler.
10. Parece que el fin de la barbarie llegó, habrá que ver por cuánto tiempo. Algunos de los últimos rehenes fueron liberados; no todos, otros murieron. Quizás Hamás sea desmantelado y neutralizado. Trump, Netanyahu y sus amigos celebran, vaya uno a saber qué cosa. Pero por esta vía no hay mucho lugar para la esperanza. El resultado de tanto sufrimiento y su efecto multiplicador de odios y rencores parece obvio: en las ruinas de Gaza, entre los niños que sobreviven al horror de hoy, solo puede crecer el Hamás de mañana.
Los fundamentalismos brotan en sangre
Alejandro Bluth
Quizás por costumbre, para mí las preguntas bien formuladas merecen una contestación. Muchas veces, eso es apenas el tanteo de una respuesta. La mayoría de las veces la contestación sugiere un interrogante nuevo. Sin saber qué saldrá de esto, prefiero verlo como un ”cuestionario disparador”, amalgamando tus palabras.
1) Todos los uruguayos, incluyendo los uruguayos judíos, tienen prejuicios sobre una enorme cantidad de cuestiones. Y muchos levantan sus prejuicios sobre la huella de las caracterizaciones aberrantes que pesan sobre los judíos. Los prejuicios son así, pueden dispararse contra los negros, los gallegos, los ricos, los pobres, los “maricones”, las “tortilleras”…siempre alimentados por la equívoca tradición de alguna caracterización despectiva. Los judíos padecen caracterizaciones despectivas desde hace algunos milenios; somos una minoría perseguida y fortalecida por violencias horrendas y calumnias insidiosas. Los judíos son menos de veinte millones en un mundo de más de ocho mil millones de personas. Sean creyentes, agnósticos, ateos, de centro, de derecha o de izquierda los judíos siempre estamos a mano para ser sindicados como los culpables de ocasión. En nuestro país, yo creo que a partir de la impronta garibaldina y batllista y, paradójicamente, agnóstica, la judeofobia era “de derecha”, “filonazi”, “facha” hasta que el estalinismo tardío filtró a través de la “guerra fría”. Fijáte que en la guerra de los seis días hubo llamados a combatir por Israel en la Escuela de Bellas Artes. Ahora, la judeofobia está más extendida: creo que es otra de las cuestiones en las que se conciertan las derechas e izquierdas radicales y rancias. Es doloroso, pero no del todo sorprendente.
2) Asumo que entendés que los partidarios del Frente Amplio son de “izquierda”. En lo relativo a lsrael, el Frente como partido político ha dejado que el “situacionismo” desdibuje valores esenciales y así cuaja esa mezcolanza que proclama que el antisemitismo no está presente en el antisionismo. La juedofobia alienta ese combo. Y eso es extraño: el sionismo y su circunstancia histórica parieron el estado israelí, concebido como una república democrática, asentada en la tradición humanista judía. Eran pioneros, mayormente de centroizquierda y socialistas. La historia de izquierda uruguaya está perlada de uruguayos judío militantes y, aunque creo que eso puede minimizarse, no puede ocultarse del todo. ¿O no se recuerda que los comunicados de las Fuerzas Conjuntas enfatizaban la identidad judía de los militantes apresados y que ese racismo emergía en la tortura?
3) Ocurre que algunas víctimas se victimizan, no la mayoría. Sí pasa que más de medio siglo de lamentos, protestas, recordatorios y advertencias pueden caer pesado. Buena parte del humor judío, agridulce e irónico, es autocrítico a ese respecto. Pero ¿a quién se le pasa por la cabeza que está mal apelar a que la humanidad se recuerde el alud de racismo sangriento? Y, sobre todo, ¿acaso no vemos que esas expresiones nos ponen a todos en guardia contra fenómenos totalitarios como el nazismo, el estalinismo, las reacciones tribales del islamismo, las teocracias de tantos ayatolás de todos los continentes? Los fundamentalismos de derecha o izquierda, vestidos con la ropita que quieras, germinan en maniqueísmo y brotan en sangre y muerte. Para mí, así como no se atienden las lecciones de las pasadas dictaduras latinoamericanas, tampoco estamos socorriéndonos con las lecciones de la historia del siglo XX. El pasado solamente está de moda para su uso ideológico, habría que ser más sabios y dejar de utilizarlo como percutor.
4) Era. Ahora, como te decía, se extendió y tiñe buena parte del espectro político “progre”. No sé que van a hacer cuando la oposición israelí desplace a la derecha y los ultraortodoxos; eso va a pasar como pasa en las democracias. Supongo que “el relato” se desplazará según otros cuentos chinos. Con perdón de la palabra chinos, no sea cosa…
5) Creo que sí. La polarización y la intolerancia son expresiones de empobrecimiento cultural, el racismo, el “wokismo”, el clasismo y otros despropósitos erosionan la convivencia y, pensando en sus metas inmediatas, los formadores de opinión le dan lugar a la hinchada desorbitada…así, digamos, se acaba el campeonato.
6) Los judíos, en su inmensa mayoría, saben que Israel es una de las manifestaciones de su cultura, sobreviviendo desde hace seis mil años. Pese a los “hitleres” de turno. Asumen que ese país no supone la inexistencia de otro estado, palestino. Saben que los vaivenes de la vida política, creación humana para la preservación de la vida en sociedad, puede ir de acá para allá, de la judeofilia a la juedofobia, por ejemplo. Entre esos dos errores, qué querés que te diga, prefiero el aprecio.
El pueblo judío son personas con el derecho a vivir en donde se les cante, incluso allí, donde surgieron como nación o, como otras personas, allí donde casuales casualidades los llevaron a nacer. La confusión no está ahí.







