El caso de Manuel Picón (Montevideo,1939 – Madrid,1994) es singular. Fue un cantautor que hizo carrera fuera del país porque tuvo que marchar al exilio como tantos compatriotas a mediados de los años 70. Hasta hoy es una figura fantasmal en el medio, su nombre es prácticamente desconocido; y sin embargo es el autor de una canción muy aplaudida, pero en la voz de otro cantor. Picón escribió baladas y tangos al mismo tiempo que musicalizaba a poetas latinoamericanos. En 1983 publicó en España “Fuerza Natural”, un álbum a dúo con la argentina Olga Manzano en donde aparece la balada “Garrincha”. Pocos años después, la canción llegaría a manos de Alfredo Zitarrosa. La música compuesta por Picón está emparentada con la canción pop española liviana, y uno no encuentra la explicación de cómo Zitarrosa pudo vislumbrar el valor de aquel texto más allá de la versión de su autor. Por esto es por lo que el proceso de reconversión que hubo entre el original y la versión fue asombroso. Zitarrosa llevó la obra hacia el candombe rural, esto significa el candombe como se entiende en el interior de nuestro país. La nueva versión empieza con una extensa introducción donde se presentan dos grandes temas en guitarras y guitarrón. La voz irrumpe poderosa; con cierto desgarro: “Lo lleva atado al pie, como una luna atada al flanco de un jinete/ Lo juega sin saber que juega el sentimiento de una muchedumbre/ Y le pega tan suave, tan corto, tan bello/ Que el balón es palomo de comba en el vuelo/ Y lo toca tan justo, tan leve, tan quedo/ Que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo/ ¡y se estremece la gente, y lo ovaciona la gente!”. La inclusión del gentilicio “balón” nos choca un poco; pero más allá de esto, hay una descripción soberbia de la leyenda del fútbol brasilero. Garrincha era capaz de limpiar las impurezas con la belleza de su arte, en un acto casi de redención de las clases bajas de Brasil. El trabajo de guitarras es soberbio pues pasa de ser el acompañamiento rutinario de un cantor, a transformarse en una banda de sonido cinematográfica. En el arreglo está la mano de Julio Cobelli, a quien secundan Eduardo “Toto” Méndez y Silvio “Molécula” Ortega. Se sabe que Zitarrosa “dictaba” las voces de sus arreglos a los distintos intérpretes; pero aquí es notorio que hubo un guitarrero conocedor detrás que elevó a la excelencia lo que el cantor imaginaba. La segunda estrofa de este gran fresco hecho canción, es un poco la contestación de la primera, o, mejor dicho, la afirmación de la poética futbolística del homenajeado: “Lo lleva unido al pie, como un equilibrista unido va a la muerte”. Luego hay unos pocos compases de samba instrumental para colocarnos en un espíritu festivo, que era lo que provocaba en la gente el juego de Garrincha. Después de la alegría “sambeada”, la canción pasa a la sección B, donde el clima varía junto al pulso del candombe para volverse casi un milongón. De manera magistral, Zitarrosa describe el cambio emocional a través de la música. Los gritos triunfales son amenazados por los fantasmas del fracaso. La voz del cantor se transforma en la de un comentarista de la tragedia inminente: “¿Quién se llevó de pronto la multitud? / ¿Quién le robó de pronto la juventud? / ¿Quién le quitó de un golpe el hechizo mágico del balón?”. Ingresa un arreglo de cuerdas (de Raúl Medina) que le da un toque aún más cinematográfico al contexto. La canción se vuelve dolorosa (aunque la música diga por momentos lo contrario). El samba que retorna es más lento, significando el declive del estado de euforia. Zitarrosa relata, maravillosamente, la caída en picada del héroe popular; su agónica existencia luego de haber besado la gloria. Se sabe que Garrincha, en sus últimos años como jugador, era abucheado por los espectadores, y es probable que alguno de ellos lo hubiera ovacionado pocos años antes (“El último balón lo para con el pecho y junto al pie lo duerme/ lo mira y sólo ve cenizas del amor que estremeció a la gente // (…) y el balón se le escapa entre insultos y risas/ ¡y se enfurece la gente, y le abuchea la gente!”). Producto de la adicción se fue deteriorando y despilfarrando su fortuna. La última parte de “Garrincha” es una de las mejores que se recuerde de una canción popular. Hay dos líneas en una. Primero: el texto de Picón es asombroso y hondo, resolviendo con calidad literaria el auge y caída del ídolo, y nunca volcándose hacia la sensiblería, y hasta con un gesto casi “homerístico” en el tratamiento del héroe. Segundo: la enorme calidad interpretativa de Alfredo Zitarrosa que nos transmite su contendida emoción, como también su bronca y desgarramiento ¿Quién le llenó su copa en la soledad? / ¿Quién lo empujó de golpe a la realidad? / ¿Quién lo volvió al suburbio penoso y turbio de la niñez? / Quién le gritó en la cara: usted no es nada, ya no es usted”. Este final es el registro más descarnado sobre la posición de las masas ante el personaje notorio caído en desgracia; el que ya no figura en las marquesinas. Una vez perdida su aureola se convierte en un ser humano de carne y hueso: “Ya no es usted señor, ya no es usted”.
Ilustración: Oscar Larroca



