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BALANCE DE LA ELECCIONES

BALANCE DE LA ELECCIONES
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Los uruguayos votamos y el fallo de las urnas es inapelable. ¿Quiénes fueron los grandes ganadores y lo grandes perdedores de la jornada? ¿Qué conclusiones saca con estas cifras? ¿Qué lo sorprendió más? ¿Se puede pronosticar el resultado de la segunda vuelta?

Renacimiento de la política por Isabel Viana

Por años, el país tuvo escasa vida política, más allá de reacciones ante hechos relevantes: inundaciones o confesiones, inversiones inmensas y las indecentes condiciones para atraerlas, crímenes cotidianos y ocupación de barrios por la policía. La aparición de un desaparecido. Eventos de corrupción. Cada uno de esos y otros hechos movilizaron personas y, a veces, partidos. Pero no hubo debate parlamentario ni ámbitos de discusión de fondo en las orgánicas partidarias ni en la comunidad.

El gobierno actuó como dueño de la verdad. Se permitió el secreto para resolver sobre temas de indudable importancia e interés para la comunidad. Actuó desde la soberbia del poder: no sintió la necesidad de actuar con transparencia, ni la de escuchar a la ciudadanía. Concedió derechos a minorías, frecuentemente militantes, pero no atendió a la necesidad de diálogo (hablar y escuchar) con las mayorías, que fueron quedando marginadas de graves decisiones.

Hubo cúpulas que acordaron y decidieron y luego exigieron unanimidades políticas respecto a sus decisiones verticales. Fue notorio el voto parlamentario en bloque. Las disidencias se señalaron y se castigaron severamente.  El humor popular llamó “focas” a quienes adherían acríticamente.

Hubo una gran dispersión de partidos y dentro de ellos, de listas y candidaturas. La multiplicidad de opciones no sirvió para consolidar las adhesiones: el comentario más frecuente fue la vacilación respecto al voto, la consideración, antes no pensable, de la factibilidad de cambiar de líder, de lista, aún de partido. Aparecieron también nuevos liderazgos, muchos no surgidos de decisiones partidarias, sino de decisiones personales, poco presumibles en el quieto universo político precedente.

Hoy se abre un período en que la multiplicación de los partidos requiere de la negociación para obtener mayorías. La negociación implica validar la diversidad de ideas y opciones, reconocerla y respetarla. Los “otros” no son necesariamente “los malos”. Tienen la relevante posición de electos para representar a la ciudadanía y deben ser escuchados y consultados… pese a quien pese.

Nos acabamos de sacudir el manto de silencio y la vigencia de decisiones verticales, para entrar en un mundo distinto, con protagonistas más jóvenes en muchos casos, en el que la discrepancia estructural está consagrada por la diversidad del voto.

Se opusieron dos mapas políticos: el de la mayoría de votantes, que postuló la continuidad del bloque unánime y otro, que los porcentajes habilitan poder convertirse en mayoría, no formalizada aún como tal, en el que hay grupos que van de derecha a izquierda, pero que manifiestan vocación de unirse detrás de un candidato y desde el requisito de acuerdos programáticos.

El reconocimiento de la diversidad de partidos y opciones que pueden integrar una coalición de gobierno fue previsto y habilitado por el candidato de la fracción mayor del grupo de oposición, Luis Lacalle. No lo voté. Pero escuché su discurso post acto eleccionario dijo explícitamente «El gobierno que viene no es un gobierno del Partido Nacional, es un gobierno multicolor» y valoré que la condición multicolor porque espero que habilite la posibilidad de renacimiento de la vida política expresada en el debate, la negociación, la articulación de diversos.

El voto ciudadano crea una excelente oportunidad para un gobierno distinto del país, en que los argumentos de todos, minorías y mayorías pueden tener oportunidad lícita de expresarse y pesar, aunque sea desde un solo voto.

Una suerte de titiritero ciudadano por José Sena

Vencedores, vencidos y sorpresas. Sí claro, las hubo, pero sobre todo la pasada elección dejó varias enseñanzas por parte de los votantes al sistema político. La ciudadanía optó por darle a los dos candidatos más votados una segunda oportunidad.  Al que más voluntades recibió, para que demuestre su capacidad de lograr acuerdos y al segundo le pidió que lidere un cambio. Pero no le dio todo el poder. El votante también utilizó la herramienta del sufragio en sus distintas variantes y modificó el parlamento. Una suerte de titiritero ciudadano moviendo los hilos. Éste es mi voto y lo hago valer. No se la crean. Acuerden. Miren que rápido entra una edila al Senado y que veloz se va un senador a las ocho horas. Al nuevo lo apoyó. Pero le marcó las reglas de juego: te prefiero adentro de casa, adolescente en crecimiento y rebelde.

Le bajó las expectativas a más de uno y a los más chicos les puso límites. como a los hijos. Puede resultar duro, pero a la larga les vendrá bien. A los que manejan la billetera abultada les demostró que se pueden obtener votos con el bolsillo más flaco, basta con tener carisma y ser ecologista radical e intransigente… o las tres cosas.

La otra señal del electorado la dio al no votar la reforma constitucional impulsada por Jorge Larrañaga, pero le respaldó en su solitaria lucha, renovando su banca en el Senado. Imposible no admitir la derrota de la reforma, casi tanto como no leer lo que expresaron más de un millón de voluntades. Otra vez el ciudadano susurrando al oído de la clase política:  militares en la calle… no. Pero mira como me importa el tema de la inseguridad que te lleno las urnas de papeletas. Otra lección de la elección. Si hasta de las encuestadoras se ocupó el ciudadano: miren que cuando quiero les digo la verdad y sus proyecciones terminan con una foto muy bien sacada. Interesante elección, muy a la uruguaya.

 La llave está en el cuartel por Marcel Lhermitte

La esperanza rondaba por las calles montevideanas. El pabellón patrio y las banderas frenteamplistas comenzaron a congregarse en la principal avenida capitalina. Todo era alegría para la izquierda, hasta que se conocieron los resultados a boca de urna de las elecciones nacionales. Se habían perdido las mayorías parlamentarias y el casi 40% de votos obtenidos hacen muy cuesta arriba el balotaje.

En tiendas conservadoras antes de las 20.30 horas había mesura, pero a partir de entonces comenzó la construcción de un relato que ya se había instalado en la campaña: “se van”. El Partido Nacional, a pesar de haber obtenido menos votos que en la última elección nacional, se mostró triunfante. Luis Lacalle Pou se erigió como líder de los principales partidos de oposición.

Todos los partidos que hoy tienen representación parlamentaria consiguieron menos votos que en la elección presidencial de 2014. La mayoría de esos votos perdidos fueron a parar a la opción ultraderechista de Cabildo Abierto, liderada por el ex comandante en jefe del Ejército Nacional, Guido Manini Ríos, el gran triunfador en las urnas del domingo 27 de octubre, la gran preocupación del progresismo nacional y la amenaza de muchos de los derechos y las libertades del pueblo uruguayo.

Las fórmulas del Frente Amplio y el Partido Nacional definirán quién presidirá Uruguay. Si bien aparece como favorito el conservador Luis Lacalle Pou, y a pesar de las malas señales que dio la izquierda luego de conocerse los resultados de la primera vuelta, no será fácil para el líder blanco, que deberá hacer una coalición con el Partido Colorado, los ultraderechistas de Cabildo Abierto y con otros grupos con votación testimonial.

Uruguay no es un país de delfines. Históricamente cuando un líder ha llamado a sus votantes a votar por otro candidato ha fracasado. Los votos no se transfieren como ganado en este país, según marca la historia, por lo que no puede afirmarse que el Partido Nacional recoja todas las adhesiones de los partidos que lo apoyan formalmente.

Por el lado del Frente Amplio también es muy difícil, a pesar de que le faltan diez puntos –al Partido Nacional le faltan más de 20 puntos– para llegar a la Presidencia. Deberá en primera instancia hacer autocrítica, retomar un relato coherente en lo que resta de la campaña y elaborar una planificación estratégica que le permita llegar a los votos que le faltan.

La llave de noviembre parece tenerla Cabildo Abierto. Se equivocan aquellos que afirman que todos sus votos son ultraderechistas, que sí los tiene –fundamentalmente en su dirigencia y núcleo duro-, sino que también está conformado por muchos ciudadanos preocupados por la seguridad ciudadana; preocupación esta que quedó en evidencia con la votación obtenida –a pesar de que no se aprobó– por la reforma constitucional Vivir sin miedo, que promovía endurecimiento de penas, allanamientos nocturnos y militarización de la seguridad pública.

El apoyo de Cabildo Abierto al Partido Nacional significará el ingreso de nuevos votos para la fórmula blanca, pero también la pérdida de otros que no están de acuerdo en conformar un gobierno en donde la ultraderecha tenga la llave del poder. Hoy parece ser que la llave del triunfo en noviembre está en los cuarteles.

El FA en las puertas de una nueva victoria por Leonel Groisman

 Primero lo Primero

Lo único seguro en las elecciones del domingo, era que se definía la suerte de la Reforma Constitucional que se plebiscitó a instancias del Dr. Larrañaga, pero que, luego que las encuestas le dieran muy buenas posibilidades, empezaron a ensobrar TODAS las listas del Partido Nacional; TODAS las listas del Partido Colorado; TODAS las listas de Manini Ríos, TODAS las listas del Partido de la Gente; y TODAS las listas del Partido Independiente.

Sin embargo, sólo obtuvieron un 46,11% del electorado. Así, la Reforma Constitucional NO fue aprobada. Una nueva generación electoral, asoma victoriosa en las urnas. Por detrás, la victoria fue del Frente Amplio que fue el único partido político que no ensobró la papeleta del SÍ.

Con fe pa´l segundo tiempo.

El Partido Colorado votó peor que en 2014, por lo que el liderazgo nuevo no cambió su panorama negro.

El Partido Nacional votó peor que en 2014 y hace la segunda peor votación de su historia (la peor fue cuando luego que Herrera apoyara la dictadura de Terra.  Erro y Wilson, entre otros, votaron fuera del Partido Nacional – Wilson con el lema Partido Nacional Independiente y sólo volverá para la victoria blanca de 1954-).

El Partido Independiente votó peor que en 2014 y perdió casi todas sus bancas.

La Unidad Popular votó peor que en 2014 y perdió su banca en diputados.

El Frente Amplio es, por quinta vez consecutiva, la mayor fuerza política del país a pesar de haber perdido 7 puntos porcentuales (47,81% a 40,66%).

En 2014, Mieres votó mejor que en 2009, Bordaberry mejor que en 2009, el Partido Nacional mejor que en 2009, y el Frente Amplio peor que en 2009. Paradoja: el único que había bajado fue el partido que luego ganó el gobierno.

En 2005 no hubo segunda vuelta. Pero sí la hubo en 1999, donde entre una vuelta y otra el Frente Amplio ganó 5,77%; en 2009 donde el Frente Amplio ganó 6,67%; y en 2014 donde el Frente Amplio creció un 8,81%.

Como se puede observar, el Frente Amplio viene creciendo entre elecciones a lo largo de los procesos electorales de los últimos tiempos. Si el Frente Amplio obtuviera el mismo crecimiento entre elecciones que en 2014, tendría hoy el 49,47%: las puertas del gobierno (recordemos además que viene en aumento).

Los de Afuera NO son de Palo

Sin embargo, las posibilidades de que la Oposición llegue al poder, disminuye las posibilidades de captación de líderes departamentales opositores y por consiguiente es poco probable que el Frente aumente ese 8,81% en forma significativa por ese método.

Sin embargo, hay un lugar de donde sí podrían venir más votos: el frenteamplista desencantado que votó a Talvi; y el cabildante que votó por la línea artiguista (aunque cueste creer, hay una muy buena cantidad de artiguistas que, críticos con el Frente Amplio, votaron a Manini Ríos); y los blancos wilsonistas, esos que conociendo la historia de Wilson jamás votarían a un Lacalle.

¿A vos no te parece que de estos votos viene el 0,53%? Hay que irlos a buscar. Uno por uno. A donde quiera que estén. Hoy podríamos decir entonces que el Frente tiene 49,47%. Tenemos un antecedente: ya se juntaron TODOS (porque como vimos, TODOS ensobraron la papeleta), y apenas obtuvieron un 46,11%. La misma cifra que obtuvo Lacalle Pou en segunda vuelta en 2014.

¿Y entonces?

El 25 nos sentamos a hablar, a hacer una necesaria autocrítica sensata, a corregir errores, a abrazarnos en el triunfo. Pero hoy, como ya viste, se trata de conseguir ese medio por ciento. Los uruguayos podrán votar desde la bronca, pero toda bronca se calma y renace en esperanza si se la sabe escuchar.                                                                                                                                        Nos vemos en las urnas. Y de noche en 18 para celebrar.

 

Primer Round por Cristina de Armas

Nadie perdió por knock out. Desde que se han sabido los resultados de las elecciones legislativas parecen estar todos los partidos políticos de acuerdo en que esperaban una votación mayor. Somos una democracia ejemplar para el mundo y nuestra población acostumbra expresarse a través del voto con mucha claridad. La alta votación de la papeleta en apoyo a la Reforma Constitucional, – aunque no lograra el porcentaje necesario para salir adelante- y el ingreso al Parlamento de Cabildo Abierto con una bancada importante es la voluntad inequívoca de parte de nuestra población de enviar un mensaje claro sobre cuáles son sus preocupaciones.

Quitar la mayoría parlamentaria a la fuerza política de gobierno de los últimos quince años, pero no dar la mayoría a otro partido político, sino que dividir la representación parlamentaria en siete partidos también debe tener su lectura. No sólo el partido político de gobierno ha visto reducida su votación con respecto a 2014, también lo han hecho los dos principales partidos de oposición. La población ha castigado a la fuerza de gobierno, pero no ha dado a la oposición su apoyo explícito. Mirando el mapa de nuestro parlamento parece una decisión inteligente, un panorama ideal para una democracia que tiene en su esencia de ser la necesidad de acuerdos, negociaciones y consensos.

En lo personal me permito sentir esta intranquilidad al pensar en perder esta paz, este tan nuestro sistema democrático de convivencia que tanto nos identifica y que tanto nos ha costado, sobre todo teniendo en cuenta que, en los últimos quince años en lo importante, han estado todos de acuerdo.  Esos costos que a veces parecen lejanos para unos, historias para otros que hoy deciden y que no han vivido.

Debemos confiar entonces en nuestro sistema político que ha demostrado ser en comparación a lo que vemos en la región responsable en principio de no incendiar la pradera, de preservar la gobernabilidad y el respeto a la institucionalidad. Podemos estar orgullosos de la jornada vivida, podemos estar orgullosos de la responsabilidad cívica que como población tenemos y podemos estar orgullosos además de que el sistema político, encuestadoras, prensa y todo actor cercano a las contiendas electorales no puede arriesgar lo que vamos a decidir. No somos después de todo un pueblo tan previsible.

Nos queda por delante el segundo round en la contienda electoral, es diferente, debemos decidir no solo entre personas, elegimos modelo. Quien gane no tendrá una mayoría parlamentaria propia pero el mayor exponente de la oposición llega con acuerdos previos que le brindarían esa mayoría y entonces no tendría que negociar con la actual fuerza de gobierno que continuará siendo la mayor fuerza política del país.

Vale preguntarse si acaso es eso lo que quiere la mayoría de la población o si acaso por el contrario le quitó la mayoría parlamentaria a la fuerza del actual gobierno, pero le dará la presidencia manteniendo el modelo, pero obligando a negociar, a tejer acuerdos con la oposición. Vale preguntarse si acaso tendrá el electorado conciencia de que enfrenta la decisión sobre dos modelos absolutamente diferentes de gestión. Vale preguntarse si acaso la población no está pensando en dar esta gestión a la oposición que con seguridad enfrentará tiempos muy difíciles no sólo a nivel nacional sino regional y mundial. Vale preguntarse porque en un mes todos debemos decidir porque al final y como siempre, la decisión, es nuestra.

Tiene su lógica por Francisco Faig

El principal dato de los resultados del domingo es que el Frente Amplio (FA) no tiene más mayoría absoluta en ambas cámaras, como venía ocurriendo desde las elecciones de 2004.

La foto de 2019, como bien anunciara Zuasnábar hace meses, terminó siendo muy parecida estructuralmente a la de 1999: el FA con 42 diputados (40 en 1999); Partido Nacional (PN) con 30 diputados (fueron 33 para el Partido Colorado (PC) de 1999); y suman 24 las bancas del PC y Cabildo Abierto (CA), cuando en 1999 las del PN fueron 22. En 2000, PC y PN pudieron iniciar su gobierno con una amplia base de apoyo de 55 diputados y 18 senadores contando el vicepresidente; en 2020, PN, PC, y CA, de lograr en estos días acuerdos a los que sus principales líderes ya han mostrado su buena disposición, arrancarían un gobierno de alternancia y plural con casi el mismo apoyo parlamentario: 54 en cámara baja y 18 en cámara alta.

Hay un matiz con relación a 1999. Hace veinte años, el FA podía intentar sumar para el balotaje los votos del Nuevo Espacio (NE) de Michelini, 1 senador y 4 diputados, y apostar por la novedad del sistema de balotaje para apelar al voto de a pie de blancos no dispuestos a acompañar a un Batlle. Hoy, no hay ningún actor fuera del FA con un peso parecido al del NE de 1999 cuyo electorado pudiera estar proclive a acompañar a Martínez en el balotaje; y los 14 años de gobiernos del FA hacen que la izquierda ya no sea la novedad para votar, para probar algo distinto en el poder.

En el largo plazo, con estos datos, se puede pensar que en 2019 se está cerrando un ciclo electoral excepcional favorable al FA: por el inicio de 2004, en base a la feroz crisis de 2002, que le permitió un salto fenomenal de 40 diputados a 52; por su desarrollo, enancado en un contexto internacional favorable difícil de repetir y con mayorías parlamentarias absolutas y consecutivas inéditas en la historia del país; por su final, que termina con un escenario electoral similar a 1999 y con la decadencia del protagonismo (sin remplazo de similar envergadura) de los tres líderes que condujeron a las victorias, Vázquez, Astori y Mujica.

Visto con el diario del lunes, parece una especie de vuelta a la normalidad para el FA en su mapa electoral: un bastión montevideano donde sigue estando en el eje de la mitad de los votos; y un apoyo en el Interior sobre todo centrado en Canelones pero que ya no saca distancias tan grandes con respecto en particular al PN. Aquí, otro apunte: el FA creció gracias a Mujica (el Nardone zurdo) y al viento internacional favorable a la agropecuaria en todo el Interior. El desgaste de Mujica, el fin del boom agropecuario y la sordera del gobierno a los reclamos del Interior, hicieron que el FA perdiera mucho apoyo reciente, de ese obtenido en esta década de gente que le “prestó” el voto (una expresión muy elocuente), fuera de Montevideo. El resultado del domingo tiene pues su lógica.

El FA sigue siendo fuerte entre las clases medias urbanas, sobre todo de Montevideo y Canelones. Aritméticamente, perdió un apoyo similar al que ganó CA. Pero geográfica y socialmente, que es lo que cuenta, el asunto es distinto. El FA perdió apoyo en el Interior y también, seguramente, en las clases populares urbanas: esas que siguieron a Mujica, pero que hace años que se hartaron de sufrir las mayores consecuencias de la inseguridad, ahora buscan restablecer el orden, y seguramente hayan votado relativamente más a CA que en otras partes de la capital.

Yo no sé qué pasará en el balotaje, aunque es claro que es favorita la fórmula Lacalle Pou- Argimón. Lo que sí tengo claro es que se acabó el tiempo de la mayoría absoluta del FA, esta excepcionalidad de 15 años que, por cierto, fueron demasiados. Eso es muy bueno para la República, y tiene su lógica.

La auto-derrota por Gustavo Melazzi

   1) El dato de que el FA haya perdido casi diez puntos al comparar sus votos con los de 2014 es impactante. Sucede en apenas cinco años; siendo, además, la primera derrota electoral seria desde su fundación. De allí que se deba calificar de auto-derrota; no sería correcto buscar razones “externas”.

Las elecciones no se pierden/ganan “el último año”, ni por exitosas (o no) campañas electorales; lo decisivo radica en los años previos. En este sentido, es indispensable considerar que en diez de los quince años de gobierno el FA disfrutó de un contexto internacional excepcional, tanto en lo económico como en lo político. Permanentes mayorías parlamentarias. Y no olvidemos 30 años de gestión en la ciudad capital; un muy fértil espacio para construir buena vida cotidiana y la conciencia y organización popular.

2) Desde tiempo atrás, ante el descontento con el gobierno del FA, sus defensores han mencionado que “no hemos comunicado bien la amplia serie de proyectos y logros”. Débil argumento: para los ciudadanos, el mejor “comunicador” surge de la evidencia y apropiación popular de la actuación de un gobierno.

Por otro lado, en la comunidad de científicos sociales (más periodistas y políticos en general) es unánime recurrir al “desgaste” que inevitablemente el tiempo generaría sobre el ejercicio del gobierno. Simple; pero erróneo.

Veamos: no se aportan fundamentos para que sea ineludible; sólo experiencias de gobiernos que luego de ciertos años pierden elecciones. Pero se omite (cuidadosamente o por ignorancia) la experiencia que muestra lo contrario; la Unidad Popular durante el gobierno de Salvador Allende en Chile.

Luego de algo más de dos años de gobierno y en medio de una furibunda campaña opositora; un enorme mercado negro; huelga de camioneros; atentados; etc., y total apoyo norteamericano a un clima golpista, se desarrollan elecciones. Cuando Allende obtiene la presidencia, logró el 36 % de los votos; pero en este terrible escenario, los chilenos lo defienden con el 43 %.

Este ejemplo es clave no sólo porque indica que el mentado “desgaste” es un concepto superficial. Es clave porque coloca el tema en que, si un movimiento o partido accede al gobierno prometiendo defender las necesidades populares y efectivamente lo demuestra con acciones concretas, “es invencible”, tal como la izquierda siempre señaló. Se necesitó un feroz golpe militar para detenerlo.

3) En la realidad uruguaya, el descreimiento; la desmovilización; apostar al “votante” y no al movimiento popular y su conciencia; la incesante búsqueda del “centro” y la continuidad o, mejor dicho, la consolidación y profundización del sistema sin un claro proyecto alternativo y otra forma de organización social que convoque y comprometa, se concretan en este lógico resultado.

4) El “progresismo”, esa caja vacía donde cada quien pone lo que quiere, mostró su vacuidad. El gobierno apostó al sistema capitalista intentando suavizar sus perjuicios. Vano intento. En definitiva, lo profundizó, incluso adoptando medidas que perfectamente podía evitar.

Previo a estas elecciones, ya recibimos largas exposiciones orales y/o escritas sobre los variados, posibles y/o necesarios juegos de “coaliciones”, “acuerdos”, y “gobernabilidad”. En vista de los resultados, hoy nos avasallan. Es clara definición de una “política” siempre dentro del Parlamento; monopolizada por lo institucionalizado. Nunca se menciona lo social; el movimiento popular; sus necesidades y opiniones; su participación; cómo impulsar temas concretos “desde abajo”.

5) Si la política es hacer posible lo necesario, desde el campo popular es preciso replantear la izquierda (“refundar” ya fue bastardeado); cómo construir paso a paso otras relaciones sociales, que privilegien las necesidades populares.

A la derecha que hay lugar por José Luis Perera

Aunque suene extraño, la fuerza más votada en las elecciones del domingo pasado fue la gran derrotada. Y lo fue porque perdió las mayorías parlamentarias que tuvo durante tres períodos consecutivos y porque perdió casi 200 mil votos, lo que la dejó en situación precaria para enfrentar la segunda vuelta de noviembre.

Hay algo que está muy claro; el FA ha sufrido un sostenido descenso electoral a partir del año 2004, año en el que obtiene el gobierno en primera vuelta. A partir de ahí, no ha hecho otra cosa que perder votos elección tras elección. Ya en mayo de 2005 (elecciones departamentales), los votos obtenidos en todo el país -a pesar de obtener siete nuevas intendencias que se sumaban a Montevideo- fueron menos que los de octubre de 2004. En las internas de 2009 la votación fue menor que en las internas anteriores, y en octubre de ese año se obtuvo un 4% menos que en octubre de 2004.

A pesar de ese proceso constante que culmina con la debacle del domingo pasado, jamás esa fuerza política se hizo una mínima autocrítica para corregir rumbos. Todo lo contrario, lo que primó fue una enorme soberbia, que quizá esté plenamente representada en la frase de Tabaré Vázquez: “nos vemos en las urnas”. Nos vimos en las urnas, y los resultados están a la vista.

En esta oportunidad, además del cúmulo de errores en la gestión de gobierno, se sumó un pésimo candidato, muy mal orador, y que eligió una candidata a vice totalmente desconocida y que se tuvo que ocultar para no perder más votos. Se pretendió ocultar las deficiencias con cánticos y bailes y banderas, pero eso nunca es todo para ganar una elección.

Al parecer nadie está dispuesto a admitir la enorme decepción de muchos frenteamplistas a partir de que el primer gobierno se apartó de postulados históricos de izquierda. Eso generó la pérdida de miles de votantes, pero fundamentalmente de miles de militantes comprometidos con el proyecto de izquierda. Lo cual generó, además, el vaciamiento continuo de los Comités de Base.

Los síntomas más notorios de esa decepción, fueron el desprendimiento de sectores (el 26 de Marzo y parte de la CI), el alejamiento de referentes históricos y éticos, fundadores del FA como Guillermo Chifflet y Helios Sarthou, y el comienzo de la pérdida de votos en Montevideo.

Este retroceso por izquierda, fue de alguna manera compensado por un cambio sustancial de la composición del electorado frenteamplista, que fue incorporando -a medida que el FA se iba corriendo hacia la derecha- a votantes de la derecha y del centro (y no solo votantes, hasta legisladores ex integrantes de la JUP). De hecho, el FA comenó a perder fuerza en Montevideo y a aumentar su electorado en el interior, tradicional reducto conservador.

El FA del 71 era un conglomerado de izquierda con postulados de izquierda (antiimperialista, anti latifundista, antioligárquico). Pero se ha ido transformando, entre otras cosas para lograr llegar al gobierno, y el FA que llegó al gobierno no es ni la sombra de aquel. Se ha transformado notoriamente en sus formulaciones programáticas, se ha ido modificando en sus referencias ideológicas, y ni que hablar en su convocatoria electoral y política (en el sentido de los destinatarios de su mensaje).

Y cuando un partido de izquierda se corre hacia el centro para ampliar su apoyo electoral, y luego llega al gobierno y aplica un programa de centro, no es tan extraño que sus votantes -que a esa altura son mayoritariamente de centro o de derecha- puedan volcarse eventualmente hacia otro partido que los represente mejor.

Cuando un partido se transforma en “catch-all”, es posible que crezca electoralmente e incluso que obtenga el gobierno (el FA es una clara prueba de ello). Pero eso tiene sus costos. Fundamentalmente el lavado ideológico logra sin duda la ampliación de posibles electores, pero hacen cada vez más difícil las distinciones en clave ideológica entre unos partidos y otros (los signos de identidad quedan reducidos a cuestiones instrumentales, la agenda de derechos, etc,). De esta forma, las diferencias entre derecha e izquierda tienden a reducirse cada vez más y el concepto predominante es el centro político. El electorado que se consigue no es un electorado cautivo ni mucho menos.

De manera que, si el FA sigue hoy perdiendo votantes de izquierda, y además votantes de derecha (que se van a Cabildo Abierto), no puede ser ninguna sorpresa para nadie.

Los muertos que vos matáis… por Juan Rodríguez Puppo

Parafraseando a Corneille:  No gozan de buena salud, pero aún están vivos.

La elección del domingo y el grato pedido del Semanario Voces me llama a escribir algunas reflexiones:

1-Hay un claro mensaje de cambio.

2- Luego de 15 años de gobiernos frentistas. El centro no paga. Y si no me crees pregúntale a Mieres y también en alguna medida pregúntale a Talvi. La gente voto a Mujica (vaya novedad) o votó a Manini. Hablo de tendencias generales hacia populismos de distinto signo.

El centro se reparte entre muchas opciones y frente a problemas graves la gente busca definiciones muy claras y si se puede muy asertivas y hasta agresivas hacia el rival.

3- Hubo un corrimiento de aproximadamente un 10% de los votos hacia la derecha. Los partidos tradicionales nutrieron a Cabildo Abierto y al mismo tiempo (sobre todo Talvi) recibieron algún sedimento del voto que se esfumó de la izquierda.

4- La inseguridad fue la clave del trasiego fuga de votos y la llave del éxito de Cabildo y también la causa de la enorme pérdida de votos del FA. Mantener a Bonomi a como diera lugar por parte del Dr. Vázquez, al final tuvo costos altos y anunciar a su mano derecha como futuro ministro fue un enorme error de Martínez que lo puede y lo va a pagar caro en noviembre.

5- Los grandes derrotados son connotados legisladores y figuras políticas del FA que no serán legisladores. (casos Amado, Michelini, Moreira, etc.) y los Partidos de la Gente e Independiente. En el caso de Novick, sin dudas será un caso de estudio en un futuro respecto de ¿Cuánto dinero cuesta un voto? Nadie ha invertido tanto en Uruguay como don Edgardo y con tan bajos resultados. Lo del Partido Independiente es trágico también y se supone que se debió al alto costo que implicó una frustrada alianza con Valenti, Andrioli y Amado.

6- Un crecimiento de suma cero fue el del Partido Colorado. Básicamente repite la votación de 2014 dando sensación de derrota o de “sabor a poco” y sin embargo se puede afirmar que Talvi rescató un partido que estaba en vías de extinción 15 meses atrás cuando su intención de voto marcaba un 4.5 por ciento. Fue víctima de la polarización a partir del debate presidencial y de errores propios que le comprometieron el éxito electoral. Su talón de Aquiles más que la elección es la interna de su Partido a partir de ahora dado que votó apenas por encima del Sanguinettismo y entregó la Secretaria General del Partido a don Julio.

7- ¿Sorpresas? Hubo pocas. Ya se sabía desde 3 meses atrás que Cabildo iba a votar en el entorno del 10% y estuvo todo ese tiempo “planchado” en las encuestas flotando en ese porcentaje. Tampoco fue sorpresa Lacalle Pou en un escenario de fuga de votos hacia Cabildo comprender que no iba a poder superar el 30%. No sorprendió que el FA no superara el 39 % dada la pobreza de su oferta electoral en la fórmula y su talón de Aquiles de la inseguridad pública.

La sorpresa grande sí, fue la votación y la Banca del PERI. Al igual que con Cabildo Abierto el Ing. Vega también le debe al gobierno del FA parte de sus votos. UPM y la sospecha sobre sus implicancias ecológicas le terminaron de generar los votos para asegurar la banca a Vega.

8- Pronósticos. Es posible augurar una corriente a favor de quien hoy todos visualizan como triunfador en la noche del 27 de octubre: El Dr. Lacalle.

El que, además –debe señalarse- fue quien menos errores ha cometido durante toda la campaña. Su desafío es masajear con destreza las “hogueras de vanidades” que puedan alimentar los egos y ambiciones de sus socios de coalición. Demostrar liderazgo calmando las aguas y las diferencias entre sus nuevos aliados será todo un reto. Pero su imagen luego de la campaña ha salido fortalecida y –esta vez- por virtudes propias.

El desafío para Martínez es mostrar desavenencias en sus rivales y conseguir apoyos (aunque sea puntuales o personales) en filas extrapartidarias. Hoy por hoy comparece el FA en soledad. Veremos si logra sumar algún otro apoyo.

Lacalle no puede caer en el pecado de la soberbia que da la sensación prematura de triunfo. Pero sí debe manejar con tino la “sensación térmica” del “Se van” que ya ha impregnado sobre la ciudadanía. El que tenga cosas para acordar con el futuro presidente lo va a querer hacer con el que se supone…va a ganar.

Los muertos que vos matáis… gozan todavía de salud (no sé si buena, pero salud al fin). Disponer de las herramientas que te da el control del gobierno durante un mes es una ventaja que no se puede subestimar.

No obstante, ello y en términos “turfísticos”: Lacalle –hoy- paga 2 pesos.

Faltan 20 por Gerardo Tagliaferro

Todo parece indicar que llega a su fin un ciclo de gobierno que exhibe apabullantes éxitos económicos, avances incuestionables en derechos sociales, profundización democrática como nunca antes en la pos dictadura, buenas y malas en reformas impostergables y muchas dificultades para encontrar respuestas a un fenómeno complejo como la fractura social y su hija no deseada: la creciente delincuencia.
No es imposible dar vuelta un resultado de 0-3 a falta de veinte minutos, pero se necesita una conjunción de factores que generalmente no se dan. Si la metáfora es válida, no parece tener la izquierda gobernante argumentos en cancha como para esperar la remontada.

Para dar pelea el 24 de noviembre, el candidato oficialista necesita que cerca de 200 mil compatriotas que prefirieron a candidatos de la oposición en la primera vuelta, cambien su voto.

¿Por qué habrían de hacerlo?

Si lo que votaron fueron proyectos o propuestas, nada indica que vayan a cambiar de opinión en menos de un mes. Si simplemente quieren un cambio, aunque no sepan muy bien cuál es, no hay razón para que, ahora que ven que ese cambio está al alcance de la mano, pongan marcha atrás. Si votaron personas y no propuestas, convengamos que cada día que pasa el postulante opositor aparece más sólido, más aplomado, más cómodo en el traje de ganador y el oficialista muestra que quizás pueda ser un muy buen gobernante, pero su yo candidato todavía no se enteró.

El discurso de Martínez la noche del domingo fue el de un mal perdedor. Enojado, nervioso, atropellado, equivocado en el encare, en los énfasis, y además con su ya conocida dificultad para expresarse fluidamente. Si el Frente va a apostar a que Martínez convenza a esos 200 mil votantes nombrando cada tres minutos a Wilson y a Batlle, el partido está perdido. Porque además a su frente tiene a un competidor que es la antítesis: aplomado, seguro, dominante de la escena (sea ésta cual fuere), con un guión y una puesta en escena preparada durante cinco años. No sé si Lacalle será un buen gobernante, lo que es clarísimo es que en el rol de candidato supera a Martínez por paliza.

Para la difícil remontada, a quienes puede rescatar el Frente son por un lado votantes pobres, hastiados de la inseguridad, sobre todo del interior, y por otro lado trabajadores de buenos ingresos, que mejoraron sus salarios, pero ahora quieren más. A ambos deberá convencer de que el “cambio” es, en el mejor de los casos, peor de lo mismo.

Martínez no lo puede hacer. Si el Frente quiere la remontada debe jugar su última ficha a Mujica y Astori. Cada cual en lo suyo y con los suyos. Eso sí, como alguien dijo una vez, al Pepe hay que hacerlo hablar antes del almuerzo.

Es 0-3 y faltan veinte minutos.

Un gran perdedor, el Frente Amplio por Hebert Gatto

  1. l) Si hay algo indiscutido en las elecciones del 27 de octubre, es que no ganó la oposición, perdió el Frente Amplio. En relación a los comicios del 2014 entregó 194.824 votos, ello equivale al 8.7% de su porcentaje electoral. Simultáneamente el Partido Nacional descendió un 2.4% y el colorado mantuvo su votación. Es esta abultada baja la que explica los rebajados guarismos frentistas en primera vuelta y su factible derrota en segunda. No el inexistente crecimiento de los partidos tradicionales. Quien efectivamente aumento su votación en un 10.88% fue Cabildo Abierto, para quien, por ser nuevo, todos sus sufragios son crecimiento. Asimismo, y en tanto integra la futura y ya anunciada coalición opositora, sus votos, más las definiciones del P.I y del Partido de la Gente, un 2% adicional, explica que las diferencias entre ambas coaliciones sea un 14.6%. Aproximadamente 330.000 votos, un guarismo que, sin el adicional, antes inexistente de los partidos menores, es aproximadamente similar a las pérdidas frentistas. Cabe precisar que los votos en que disminuyó el Frente no fueron transferencias inmediatas a Cabildo Abierto. Fueron traspasos mayoritariamente realizados a blancos y colorados, quienes a su vez transfirieron sus derechas ideológicas al mencionado Cabildo, manteniendo con pequeñas alteraciones, sus votaciones anteriores. Ese juego de traslados explica en lo sustancias estas elecciones. No los nuevos votantes que mantuvieron, si bien declinando, su tendencia hacia la izquierda.

2) No hubo en estas elecciones una derechización del electorado. Si bien la izquierda radical, perdió votos, los desplazó hacia una coalición centrista, con similitudes con la actual social-democracia. Pregonan equilibrio entre estado y mercado y mantenimiento y mejora de políticas sociales. Salvo Cabildo difieren en detalles. Lo que varió, y no es poco, es el componente liberal, que ahora estará políticamente más marcado. La derecha de Cabildo no es nueva, más inorgánica, ya existía en ambos partidos tradicionales. Resta por ver su influencia. Perdió la reforma, un tema de escasa importancia institucional, pese al ruido ambiente. El resto es pura vocinglería electoral.

3) La izquierda, aún más pequeña, se mantiene radicalizada, lo que perdió el M.P.P. (74.000 votos), lo captó el Partido Comunista, agravando la enfermedad. El Socialismo cedió casi 66.000 votos, pero Astori, más centrista, perdió 70.000. Bergara y la Vertiente, de ideología difusa, consiguieron 231.850 sufragios. Michelini y Xavier, ambos más moderados debieron abandonar el Senado. Por su lado, la partida de C. Moreira es consecuencia de menor tamaño de la coalición. Como conclusión, en el mayor partido del país, 40% de su electorado, MPP, Comunistas y P.S, son más de la mitad del mismo. Nada muy prometedor menos cuando consideramos la orientación de su movimiento sindical y la hegemonía cultural de la izquierda.

4) Ya dijimos que hubo un gran perdedor, el Frente Amplio. Ganador el más que probable centrismo político ideológico y la prudencia de sus conductores. Entre los menores el PI, sufrió una debacle. Pese a sus errores, entiendo que inmerecida. El nuevo gobierno mantendrá una actitud más prudente ante los movimientos sociales. Un tema para reflexionar.

4) Una vez más se confirma, que pese a tantas similitudes los procesos uruguayos no se parecen a los argentinos. Aquí, por ahora, y aún si triunfara el oficialismo, el populismo está contenido.

5) Lo probable es que en la segunda vuelta triunfe la coalición opositora. Parece difícil que el Frente descuente 14 puntos de diferencia, mucho menos luego de las inmediatas definiciones partidarias en su contra. Tampoco se nota entusiasmo frentista entre los componentes de los sectores opuestos al oficialismo. El voto tradicional, el de la sangre y la divisa, está en notorio declive. Es como el bipartidismo, ingresan al museo. El Frente gobernó solo o casi, durante quince años, ahora, con una fórmula muy pobre, paga el precio de la soberbia. Por más que cada cambio de voto valga doble y en esta materia nada resulte imposible.

Cinco años complejos para todos por Roberto Elissalde

Un parlamento sin mayorías: algo que la oposición reclamaba y se hizo realidad. Los uruguayos estamos a punto de aprender cómo se gobierna en un Legislativo fragmentado.

En cuatro semanas los uruguayos elegiremos un Ejecutivo en cabezado por Daniel Martínez y Graciela Villar o por Luis Lacalle y Beatriz Argimón.  Mientras que el Frente Amplio puede ofrecer su 40% de legisladores como apoyo a un Ejecutivo que necesariamente deberá buscar coincidencias con la oposición, un eventual gobierno “multicolor” se basa en una coalición imposible entre liberales, negacionistas de la dictadura, conservadores de diferente origen y ecologistas radicales.

Una pregunta razonable para hacerse, en tiempos turbulentos, es ¿quién tiene mejores chances de mantener la estabilidad en el país? La respuesta razonable es que Martínez y Villar tienen más chance de alcanzar acuerdos puntuales con parlamentarios de casi todos los partidos.

Sin embargo, la puesta en escena de los resultados por parte de Lacalle, logró generar una sensación extraña. El candidato de bajó su propia votación de 2014 le dice a los ciudadanos que está a un paso de gobernar el país contra el partido mayoritario desde un gobierno multicolor. La mayoría de sus seguidores le creyó, pero también una parte apreciable de los votantes de Martínez.

Es sobre esta acción mediática que hay que operar. El único que puede garantizar un bloque importante de apoyos es Daniel Martínez. Lacalle tiene 7 senadores propios que con Juan Sartori, Jorge Larrañaga y Jorge Gandini llegan a 10. Esa es su base real y la única que puede asegurar hasta el final del período.

No sería fácil para Martínez gobernar con un parlamento fragmentado, pero mucho más difícil sería para Lacalle, urgido por mantener los acuerdos ante cada ley con gente de diferentes intereses y orientaciones ideológicas.

El período que se abre es muy delicado. Las ganas de expulsar al Frente Amplio del gobierno pueden haber sido un estímulo, pero corresponde mirar la legislatura que se abre. Es imposible que sin traicionarse, Ernesto Talvi vote con Guido Manini Ríos las propuestas de Luis Lacalle. El arco opositor se hizo tan amplio que necesariamente incluye adversarios ideológicos y a veces políticos que van a terminar haciéndolo explotar.

Si hay un perdedor potencial en esta elección, es la estabilidad lograda desde 2004 hasta hoy. El Frente Amplio es la fuerza que tiene mejores chances de mantener el rumbo del país, ante una multitud de colores que algunas veces combinarán, pero muchas otras producirán chisperíos improductivos. Cuando Talvi proponga a su gobierno hacer 160 liceos y se haga necesario recortar el déficit de la caja militar, podrá tener al Ejecutivo de aliado, pero su compañero Manini actuará para defender los privilegios de su corporación. Estas contradicciones serían la tónica de un gobierno multicolor.

Sin lugar a dudas, Daniel Martínez tendría un gobierno difícil. Pero la fuerza del Frente Amplio y su capacidad para buscar acuerdos programáticos con otros sectores sociales y políticos permite tener esperanza de que existe un camino. Por difícil que parezca hoy.

Próximo gobierno no será fácil por Fanny Trylesinski

El resultado electoral del 24/10 es consistente con la evolución de varios factores estructurales que han sido señalados por el sociólogo Ignacio Zuasnabar: la erosión en la identificación partidaria del FA y un corrimiento del electorado hacia la derecha. Si a eso se le agrega la corrupción, la solidaridad incondicional con la dictadura sangrienta de Maduro, el desastre de la inseguridad, una situación económica que ya no da para seguir repartiendo, y la continuidad del deterioro educativo, tenemos un combo casi completo.

A esto se podrían agregar: un gobierno soberbio hasta el hartazgo, encerrado en su torre cristal con cero empatías hacia aquellos a quienes dice representar, ya sea víctimas del delito o de la situación económica.

La frutilla de la torta terminó siendo la fórmula presidencial, que por decir lo menos, es extremadamente débil.

En esta elección estaba en juego la continuidad o la alternancia. La diferencia esta vez fue que la opción por la continuidad estaba muy debilitada mientras que la de la alternancia ofrecía distintas vertientes y un propósito firme de coaligarse para gobernar. En este sentido, claramente la oposición, más allá de los chisporroteos naturales de toda campaña, ha estado a la altura de las circunstancias.

Por todo lo dicho, el resultado no debió sorprender a nadie. Es cierto que en las últimas semanas se intentó hacerle creer a la población que se venía una “ola” frenteamplista, pero que resultó puro humo como tantas otras cosas que repiten los voceros públicos y privados del gobierno.

El Partido Nacional ha tenido una actitud de respeto y consideración con quienes siempre consideró sus socios naturales. Ese mismo espíritu seguramente prevalecerá en estas semanas que restan para el 24/11 y, por lo tanto, habrá un plan de gobierno consensuado. Por ello y con la confirmación de mayorías parlamentarias, Uruguay se encamina hacia una sana alternancia.

En lo personal tengo la certeza de que se puede mejorar sustancialmente la calidad de las políticas públicas para atender las enormes dificultades por las que está pasando una parte importante de la ciudadanía y que la coalición mayoritaria está en inmejorable situación para lograrlo.

El próximo gobierno no será fácil, hereda una carga muy pesada. Por otro lado, basta ver la conformación del Parlamento del FA para saber que no habrá colaboración de ningún tipo. Si se aplica la ingenua dicotomía “moderados/radicales”, se tiene que más del 70% pertenece a esta segunda categoría. Y los “moderados” cuentan con integrantes que, a vía de ejemplo, confesaron cínicamente que no apoyaron reformas que le sirvieran al país porque el Frente Amplio no gobernaba.

“Gane” quien gane por Jorge Pasculli

Para empezar: ya es tiempo que dejemos el lugar a otros. Quince años es un buen tiempo. Si nos toca “perder” no hay derecho al pataleo. Tuvimos nuestra oportunidad, tan justa, tan necesaria por múltiples motivos. Recuerdo que, desde aquí mismo, en Voces, escribí antes del primer triunfo que, entre otras cosas, el país y el FA necesitábamos

la experiencia de gobernar. No es lo mismo verla siempre de afuera que te manden a la cancha. Y el país, la gente, necesitaba un cambio. “Quería” un cambio. Y lo tuvimos. Había muchos miedos, muchas sospechas, muchos anuncios tremendistas de lo que pasaría si ganaba el Frente. ¿Y qué pasó?

Nada tremendamente malo para una fuerza política que nunca antes había gobernado. Por algo nos eligieron dos veces más y siempre con mayoría parlamentaria. Se respetó la Constitución, la democracia, la libertad, la propiedad privada. Hubo cambios impensables si no hubiera gobernado el Frente. Cambios que, en su mayoría, nadie hoy piensa modificar sustancialmente. Cambios que hoy ya forman parte de la vida cotidiana. Tanto que buena parte ya ni se da cuenta ni valora. Quiere más. Y es así… Pero se hicieron y están. ¿Qué hubo errores…? Imposible que no los hubiera cuando todo era nuevo y había tanto por hacer. Está claro que, si no hubiésemos tenido mayoría parlamentaria, probablemente, buena parte de las cosas que se hicieron no se podrían haber hecho. Por lo tanto, en esta percepción a vuelo de pájaro, yo siento que los frenteamplistas podemos estar tranquilos que nuestros pasos por estos quince años no fueron en vano. Todos lo hemos aprendido: con todos sus defectos este es el sistema menos malo para no volver a terminar a los balazos, de un lado y del otro.

Y algo más, no menos importante. No podemos esperar nada sino de nosotros mismos. No podemos esperar todo de nuestros gobernantes. Nosotros los uruguayos, cada uno, tenemos que cambiar. En nuestras pequeñas corrupciones, en nuestra indiferente comodidad, en nuestro exigir y no dar, en nuestra infeliz costumbre de solo ver el medio vaso vacío.

Dicen que la paciencia es la ciencia para encontrar la paz. Paciencia, tolerancia, respeto, aceptación de los demás, comprensión, sentido constructivo para encarar la vida y sus problemas. Un país, no para “sacarse las ganas”, sino para dejarles lo mejor posible a nuestros hijos y nietos. Eso es lo que tenemos por delante los uruguayos, “gane” quien gane.

…………………………

Hasta aquí la nota que escribí para Voces el 30 de octubre del 2018. Sí, 2018, hace un año. Me sigue representando. Atravesando todos estos meses intensos. No me apoyo en ninguna encuesta: yo siento que la inmensa mayoría de los uruguayos queremos eso, votemos a quien votemos. “Razones” para discutir siempre vamos a encontrar. Pero hay urgentes motivos para dejar a un lado todas aquellas cosas que nos separan y que no vienen al caso en cada tema, para enfocarnos en la resolución conjunta y precisa de los problemas.

Nada está definido. No alcanza con mayorías parlamentarias, sin la mayoría de nuestra ciudadanía, identificada y activa en el proyecto para estos cinco años, va a ser muy difícil que cualquiera sea el que “gane” lo pueda llevar a cabo. Estos 20 días servirán para que la ciudadanía compare todo eso que le es vital para estos 5 años: quién parece en mejor actitud de gobernar con los demás para beneficio de toda la ciudadanía. “Lo que nos une” no puede quedar delimitado de antemano solo a la mitad de la ciudadanía con la que me llevo bien y festejo.

Un punto de inflexión por Max Sapolinski

Todavía al influjo de las tensiones, el cansancio y el stress que provocan los actos eleccionarios y con la incertidumbre que se genera por la necesidad de la confirmación de las apreciaciones que podamos emitir cuando se lleve a cabo la segunda vuelta del último domingo de noviembre, igual podemos aportar algunas conclusiones sobre lo vivido el pasado 27 de octubre.

Lo primero que cabe expresar y seguramente no quepa lugar a dos opiniones, es la satisfacción de haber vivido nuevamente una jornada ejemplar que hace justicia a la larga tradición democrática y republicana de Uruguay. En eso ganamos todos.

Las siguientes conclusiones, seguramente están revestidas por un fuerte ingrediente subjetivo.

El domingo fue sin lugar a dudas un punto de inflexión en la vida de la República.

Quedó sentenciado el fin del período de gobierno del Frente Amplio que se prolongó por tres lustros. Estamos en vías de confirmar la profecía de Jorge Batlle a la que hice mención semanas atrás en estas mismas páginas.

El conglomerado de izquierdas no sólo perderá el gobierno en manos de una coalición opositora. Pese a su considerable caudal electoral queda seriamente dañado. Carente de los fuertes liderazgos que supo mantener y con una mayoría sensiblemente radicalizada, difícilmente pueda volver a constituirse por un buen tiempo en una opción de esperanza y apoyo para la población.

El Partido Nacional sale fortalecido de esta instancia. Si bien recibe menos apoyo electoral que hace cinco años, se constituirá en la cabeza de la coalición futura.

También el Partido Colorado se fortalece. Si bien no logró mejorar su performance electoral, se convierte en el socio principal de la coalición, posee un liderazgo renovado y logró por fin tener especial predicamento en los estratos más jóvenes de la Sociedad.

Otro que sin dudas se fortalece será Cabildo Abierto. De la incertidumbre inicial logró una votación más que significativa. Tiene por delante el desafío de demostrar que lo alcanzado no es una golondrina de primavera y logra consolidarse en el espectro político nacional. No es tarea fácil, para un partido basado en una figura a la que se quiere posicionar como un caudillo, sin estructuras partidarias y demasiado asociada a una concepción corporativa difícil de asociar a las tradiciones nacionales.

El futuro es incierto para los partidos menores. El PERI festeja haber ingresado al Parlamento. El Partido de la Gente pinchó si tomamos en cuenta sus expectativas iniciales. El Partido Independiente ingresa en una imperiosa necesidad de autoanálisis.

La coalición emergente cuenta con la consolidación de tres fuertes liderazgos. Lacalle, Talvi y Manini tendrán la responsabilidad de los nuevos tiempos.

En el Frente Amplio se prevé una encarnizada lucha a la búsqueda de los nuevos liderazgos.

Más allá de todo lo planteado, la gran ganadora fue la democracia. Que nunca falte.

¡A redoblar! Por Pablo Anzalone

Los resultados de la jornada del 27 de octubre generaron un cambio importante en el escenario político. No hay mayorías parlamentarias definidas. Cualquiera que aspire a tenerlas deberá construirlas. Dentro y fuera del Parlamento. La Presidencia de la República se dilucidará en un mes y es una confrontación disputada. El Frente Amplio alcanzó un 40,7% casi un millón de votantes. Fue la fuerza más votada del país por un margen importante, ganó en los departamentos de Montevideo, Canelones, San José, Colonia, Soriano, Rio Negro, Paysandú, Salto y Rocha.

Si el sistema electoral exigiera, como otros países, más del 40% y 10% por encima del siguiente, no tendríamos que esperar al 24 de noviembre y ya habría obtenido la presidencia. Desde el año pasado quedó claro que ésta iba a ser una contienda difícil para el FA. Al desgaste de gobernar durante varios períodos se sumó una coyuntura económica internacional compleja, la crisis en los países vecinos y un impulso orquestado de ultraderecha en el continente. Problemas reales de empleo o inseguridad se han transformado en objetos de campañas que manipulan la disconformidad sin propuestas o con propuestas que agravan la situación. El resultado de la reforma de Larrañaga es una muestra clara. Que 46% de los votantes haya apoyado un paquete tan burdo, autoritario e ineficaz es una señal política que no puede dejarse de lado. Que 54% de la población se haya pronunciado en contra, con una gigantesca y joven movilización de rechazo, también. Hay batallas culturales que tienen que ver con lograr que la población se sienta escuchada, participe de los avances sociales, los reconozca como propios y empuje su profundización. Conquistar, defender y ampliar los derechos.  De todo eso habrá que hablar después del 24 de noviembre. Ahora tenemos el escenario del balotaje como cruz de los caminos.

En las encuestas, el FA registró una línea ascendente casi constante a lo largo del último período. Más allá de las encuestas, que esta vez no se equivocaron tanto, hubo un cambio significativo de la situación política, un nuevo hecho relevante con múltiples efectos: la movilización frenteamplista.

El crecimiento de la movilización frenteamplista fue extraordinario en estas semanas. El acto final en Montevideo, los actos en el interior, las caravanas, mostraron un cuerpo militante enorme con un entusiasmo contagiante. La propia jornada del 27 tuvo una presencia desbordante del Frente Amplio con miles y miles de personas, autos, casas, carros, bicicletas, con banderas tricolores, que recorrían y se reconocían en la calle.

Ningún otro partido tuvo algo siquiera parecido. Ni los que se autoconsideraron triunfadores a pesar de tener solo el 30% de los votos, ni un alicaído Partido Colorado, ni la “gran novedad”, el partido militar (no son novedad:  gobernaron 13 años durante la dictadura cívico militar, ya vimos lo que son).

Aunque es un margen escaso, la diferencia entre el 40% que se obtuvo y el 42 o 44% que estuvo en las expectativas de muchos de nosotros, ha tenido un impacto anímico adverso para los frenteamplistas. Pero la militancia del Frente Amplio se recupera rápido. Lo ha demostrado en muchas décadas de lucha en las peores condiciones.

El gran argumento a favor del triunfo de Lacalle en el balotaje es que todos se van a unir contra el Frente Amplio, acatando los acuerdos tejidos en las cúpulas partidarias. Y que el casi 4% de votos en blanco y anulados no se inclinan hacia ningún candidato. Son suposiciones discutibles, que recogen muchas evidencias contrarias.

La mayor debilidad de Lacalle es la falta de propuestas claras sobre los problemas del país, y que además, éstas sean comunes a la coalición que pretende crear. Salvo, “recortar y ajustar”; “ajustar y recortar”. Propuestas que vayan más allá de ese genérico “hacerse cargo”.  Que tengan equipos de gestión creíbles. Y que el propio candidato logre parecer algo más que un estanciero que no ha trabajado en su vida.

Los grandes argumentos para el triunfo de Daniel Martínez son que ha desarrollado propuestas fuertes, que se apoya en hechos y no sólo en palabras, que reconoce errores e insuficiencias, pero se afirma sólidamente en un rumbo de crecimiento con justicia social y más democracia. Hay certezas, previsibilidad y también disposición autocrítica. Daniel tiene capacidad de gestión y empatía con la gente. Por sobre todas estas cosas representa un sentir popular, un sentir democrático, un proyecto de sociedad más libre y justa. Ese sentimiento es el que se evidencia en la presencia masiva y creciente del pueblo frenteamplista en las últimas semanas. Esa movilización impresionante es clave para ganar el balotaje el próximo 24.

A la intolerancia: más Comunidad Espiritual por Fernanda Sfeir

Por más de que parezca una frase reiterada, el domingo pasado triunfó la democracia.

El país deja atrás 15 años de un Frente Amplio que, en razón de sus mayorías parlamentarias, gobernó dándole la espalda a casi la mitad del resto del país, rechazando el diálogo y el intercambio que nos enorgullecieron e identificaron siempre.

Esa actitud fue generando en la mayoría de la dirigencia del Frente Amplio una soberbia que les imposibilitó la escucha, que encerró al partido en sí mismo entre las paredes del poder, que separó a los uruguayos en buenos y malos en virtud de sus afinidades políticas y principalmente, una soberbia madre de la manifestación en las urnas el pasado domingo.     La intolerancia nunca será buena compañía; sin dudas, acusar de traidores al pueblo al que se deben porque no los eligieron, en lugar de ejercitar la autocrítica, no es un buen camino.

La falta de planificación y de mirada a largo plazo vuelve a dejar en evidencia al partido de gobierno, definiendo su estrategia en base a cuestiones electorales y no parados desde sus convicciones. Aparentemente, ahora recuerdan a los votantes y miembros del Partido Colorado, luego de haber llevado adelante una campaña de desprestigio basada en la desinformación sobre el candidato Ernesto Talvi, ahora recuerdan que existe el interior luego de un gobierno y una campaña que nos dio la espalda sistemáticamente, ahora recuerdan a Wilson luego de respaldar dictaduras, enemigas en sí mismas de nuestro líder.

El frente amplio quiere hoy, transitar puentes que dinamitó durante todos estos años.

Sin embargo, viene una nueva etapa en la cual sea cual sea el resultado, el intercambio de ideas entre partidos será un mandato del soberano y el Partido Nacional está preparado para ser quién tienda la mano a ese diálogo del cual participarán todos aquellos que crean en la forma Republicana de Gobierno y en la Democracia.

Luís Lacalle Pou demostró una vez más, su preparación personal y política mediante su convicción, su firmeza y su seguridad en nuestro programa de gobierno, así como la preparación colectiva de un excelente equipo técnico y la confianza en quién será la encargada de llevar adelante las negociaciones de un parlamento plural, en caso de que la ciudadanía así lo defina, Beatriz Argimón.

La fórmula nacionalista, estando a la altura de las circunstancias, se ha dedicado a lo largo de la campaña a cultivar tolerancia y respeto en el sistema político, apostando a buscar lo que nos une con el resto de los partidos de oposición, lo cual es un factor más que sin dudas explica el apoyo unánime de los candidatos opositores a la fórmula de Luis Lacalle Pou y Beatriz Argimón.

Confío en que el próximo 24 de noviembre la ciudadanía apueste al diálogo y a la construcción colectiva de nuestra tan valiosa democracia, de nuestra Comunidad Espiritual.

No tengo dudas, el próximo gobierno de coalición encabezado por el Partido Nacional valdrá la pena.

Sin rumbo por Leo Pintos

En algún momento luego del 1 de marzo de 2010 el Frente Amplio perdió el rumbo, y en ningún momento mostró intenciones de querer retomarlo y, por el contrario, aceleró su loca carrera para el lado equivocado.  Hacer un listado con los errores cometidos en todo ese tiempo sería arduo por lo extenso y también doloroso, pero podría resumirse en un rotundo: “podremos meter la pata, pero jamás hacer autocrítica”. El Frente Amplio tiene un problema grande, y ese problema es el Frente amplio. Porque defiende lo indefendible en nombre vaya a saber de qué. Porque ataca a quien hace notar un error en nombre de una supuesta unidad. Porque quien discrepe es expulsado y pasa a ser un traidor. Porque solo habla de lo bueno realizado y no de lo que hay que hacer. Es así que lo que parecía un buen proyecto colectivo quedó en manos de una cúpula de iluminados desconectados de la realidad, que confiaban en que el pueblo los apoyaría eternamente. Pero hoy comprendieron que el pueblo no está solo en sus filas y quedó paralizado. Y eso no es otra cosa que una terrible crisis de identidad. Porque la derecha siempre ha tenido muy claro a sus enemigos: los derechos sociales, los impuestos redistributivos, las libertades, el diferente, ciertas minorías, etc. Sin embargo, la izquierda, que antes trataba como enemigo a las fuerzas de seguridad, hoy comprende que no basta solo con atacar las causas sociales del delito. La izquierda, que antes combatía la llegada de capitales, ahora comprende que la inversión es la principal generadora de trabajo. La izquierda, que aún hoy ve al empresario con desconfianza, deberá comprender que un comerciante con dos empleados técnicamente es un empresario. Por eso cuando la candidata Graciela Villar puso la elección en términos de pueblo versus oligarquía, quedó claro que la campaña vendría a contramano de lo que el Uruguay necesita. Y parece tarde para buscar aliados en otros sectores políticos con visiones muy distintas de la realidad nacional, de cómo gestionar los recursos públicos y de cómo pararse antes los distintos hechos políticos internacionales. Quedó claro que los números de la elección generaron un desconcierto tremendo en el Frente Amplio. Y ese desconcierto es tan grande que su fórmula apeló al discurso confrontativo, impregnado en ese romanticismo absurdo de creerse el pueblo. Conclusión: la próxima vez que quieras basar parte de tu campaña electoral en catalogar a otro partido de fascista, primero hay que asegurarse si eso les importa a sus votantes.

La derecha emerge hoy como la alternativa de gobierno y el proceso que la llevará nuevamente al poder parecer irreversible. Y aunque no se trata de hacer futurología, el escenario que se abre para el país es preocupante desde el punto de vista de la gobernabilidad. Sucede que la totalidad de la bancada de Cabildo Abierto, o sea ni más ni menos que la quinta parte de la bancada en coalición, no sabemos quiénes son, y lo que es más preocupante, ni siquiera sus socios lo saben. Como si eso fuera poco, todo lo que está detrás del episodio Carlos Moreira es un ejemplo de la interna del probable futuro partido de gobierno, a lo que se suma a la evidente hostilidad que existe entre Juan Sartori y los dos sectores mayoritarios de la bancada nacionalista.

Los números dicen que para la segunda vuelta el Frente Amplio solo cuenta con su núcleo duro, y no parece tener una estrategia para atraer nuevos votantes para equilibrar la elección. Y esa falta de estrategia quedó evidenciada la noche misma de la elección, con discursos inoportunos, tanto por el momento como por su contenido y que está lejos de atraer votos. Es que, a diferencia de las tres elecciones anteriores, no parece haber un líder al frente que de por sí sostenga una campaña que se presenta difícil pero no imposible.

Los números dicen que tras quince años de gobierno el partido gobernante perdió casi doscientos mil votos, pero sigue siendo la fuerza más votada. Los números dicen que las dos principales fuerzas de oposición, sin hacer nada, perdieron algunas decenas de miles de votos también. Es trabajo de los politólogos investigar si todos esos votos fueron captados por Cabildo Abierto, o si los votos perdidos por blancos y colorados a favor de Manini fueron compensados por parte de los perdidos por el Frente Amplio. Lo que sí parece haber sucedido es que Cabildo Abierto logró captar la preferencia de un electorado disconforme con ciertos aspectos de la política y eso es algo que debiera hacer reflexionar a esa clase política tradicional, pues la fortaleza de cualquier democracia reside fundamentalmente en la permanencia de los partidos. Ojalá reaccionen a tiempo.

Sobre encuestas y resultados por Juan Grompone

Cada evento electoral renueva la discusión sobre las encuestas, las encuestadoras y sus resultados. La actual campaña electoral no ha escapado a esta preocupación ciudadana. Para unos son ángeles, para otros, demonios; todo es según sus resultados agraden o desagraden. Veamos este tema desde un punto de vista más imparcial.

En lo que sigue se promedian los resultados de las encuestadoras Cifra, Equipos, Factum, Opción y Radar.

          Los hechos

Las encuestas de mediados de septiembre mostraban una gran dispersión de resultados. Entre el número mayor y el menor adjudicado al FA había un 13 %. No obstante, esto, todas las encuestas proclamaban un error del 3,5 %, lo que cual era una enorme subestimación. Si comparamos los promedios de las encuestas y lo comparamos con los resultados finales de la corte electoral, se tiene el siguiente cuadro.

partido encuestas escrutinio error
Frente Amplio 35,80% 39,20% -3,40%
Partido Nacional 25,30% 28,60% -3,30%
Partido Colorado 16,60% 13,30% 3,30%

En definitiva, el promedio de las encuestadoras cumplía con lo prometido, estaba a 3,5 del resultado final del escrutinio, pero cada una podía llegar a apartarse el doble de lo esperado.

Veamos lo que pasó inmediatamente antes de las elecciones, con las últimas encuestas. El efecto más notorio fue una disminución de la dispersión entre los resultados. Si antes llegaba a un 13%, en estas últimas encuestas, había descendido a 7,6%. No había nada mágico aquí. Mientras que en septiembre las encuestas comprendían algo menos de 1.000 casos, en octubre el número de encuestados se había duplicado y superaba largamente los 1.500. Como consecuencia, la dispersión se redujo mucho. Como era de esperar, también ocurrió que el error efectivo también cayó. Los resultados promediados, comparados con el escrutinio final dan:

partido encuestas escrutinio error
Frente Amplio 39,70% 39,20% 0,50%
Partido Nacional 26,60% 28,60% -2,00%
Partido Colorado 12,50% 13,30% -0,80%
Cabildo Abierto 9,70% 10,90% -1,20%

La última participación de las consultoras ocurrió el día de las elecciones. Hay dos tipos de actividades para este día: las encuestas en boca de urna y los anticipos de escrutinio. Las encuestas de boca de urna sirven parta verificar si hay cambios significativos con las últimas encuestas. Rara vez se comprueban cambios. El anticipo de escrutinio permite eliminar muchas incertidumbres: es sobre votos emitidos y sobre circuitos electorales de características conocidas. Por eso los errores son mínimos y no vale la pena considerar este caso.

          Las conclusiones

De estos hechos podemos extraer algunas conclusiones. La primera de todas es que las encuestadoras no se equivocan como colectividad. El promedio de sus resultados cumple perfectamente con el error estimado y sus resultados son confiables. Los promedios de septiembre anticipan correctamente los resultados del escrutinio. ¿Dónde está la magia? Es el simple tamaño de la muestra. Promediar muchas encuestas de 1.000 personas es comparable a disponer de una encuesta sobre varios miles de personas. Muchos errores se compensan y los resultados son mejores, ninguna magia.

Una segunda conclusión es que, en forma individual, sí se equivocan. Las causas de error son mayores de las consideradas. El proceso de estimación tiene tres etapas y cada una agrega errores: 1) la creación de una muestra, 2) las reglas de comparación con la población real y 3) el censo de población. Cada una de estas etapas contribuya al error y, por lo tanto, a la dispersión de los resultados. También aquí el promedio tiene un efecto de compensación de errores.

Vale la pena una última observación y es sobre la volatilidad del votante. Las encuestadoras atribuyen la dispersión entre sus resultados a una multiplicidad de causas, entre ellas a la volatilidad de la conducta de los votantes. Esto no explica mucho porque la volatilidad debería afectar a todas las encuestas en forma similar. Sin embargo, las encuestas de septiembre, igual que las de octubre muestran, en promedio, los mismos resultados que el escrutinio. Los votantes no cambiaron su voto en el último mes. Si existiese un voto volátil, entonces también existe una compensación y esto hace que no cambie el resultado. La dispersión entre las encuestadoras es solamente debido al tamaño de las muestras consideradas.

La foto y la película por Miguel Manzi

Los resultados de la jornada electoral no explican nada por sí solos; son el fruto de un proceso, que se puede extender hacia el pasado tanto como nos den las ganas, hurgando en el cual es posible descubrir todas o casi todas sus claves. Con esta salvedad, comento lo que me parece más destacable a la fecha:

 La comunicación del F.A. La coalición oficialista, si bien tuvo una cosecha mediocre, remontó circunstancias muy adversas, que podrían haberla conducido a un desastre mayor: (1) la situación del país en materia de seguridad, educación, empleo, pymes, agro, industria, lo que se te ocurra; (2) la gestión de un presidente arrogante y ausente, cuyo último registro de aprobación sólo se justifica por el cáncer oportunamente anunciado; (3) la indisimulable mediocridad de la fórmula Martínez-Villar, que la campaña se encargó de amplificar a la vista de todos. La solvencia profesional de la comunicación del F.A., empero, se vio enlodada por el impúdico, inmoral y anti republicano abuso que hizo el gobierno de los recursos públicos en favor del continuismo.

 La mayoría leninista-stalinista del FA. Fósiles de la Guerra Fría que predican la lucha de clases y defienden a la narco dictadura venezolana, tupas, bolches, y el jibarizado PS suman el 64% de la coalición. En la bancada de senadores electos lucen Mujica, Topolansky, Bonomi, Carrera, Andrade, Cosse, Olesker. Como deja en claro cada vez que abre la boca, Martínez no aguanta un soplido, de modo que los que conducirían un cuarto gobierno frenteamplista serían estos barra brava. Por cierto, tal incuestionable mayoría de yetis es un argumento no menor para blandir en el balotaje.

El discurso de LLP. Me refiero específicamente al discurso de la jornada electoral. Sobrio, enfocado, verosímil, convincente, mostró a un hombre todavía joven en la plenitud de sus capacidades, hablando con naturalidad y firmeza. LLP representa la vocación y la formación política tradicional, en una versión moderna y renovada, y mostró que el traje no le queda grande. Quien escribe, colorado y batllista sin titubeos, sometido al imperio del sistema electoral, lo va a votar en el balotaje con tranquilidad y convicción.

 La coalición opositora. Talvi, Manini, Novick y Mieres, dijeron lo que tenían que decir a la vista del resultado. En noviembre, el mérito de la victoria o la responsabilidad de la derrota serán exclusivos de Lacalle; nadie más tendrá nada que ver ni con uno ni con otra; en el cuarto secreto, no hay intermediarios entre los ciudadanos y los candidatos. Ahora, pues, los dirigentes de los demás partidos tienen que coserse la boca con alambre, y no complicarle de ninguna manera la vida al candidato de la oposición (sin perjuicio de las negociaciones que se cursen privadamente, que también LLP tiene el derecho a elegir cómo y cuándo hace públicas). Tiempo habrá después para marcar las diferencias o los matices; pero como se ha dicho y hay que repetir hasta el cansancio, en el balotaje la cuestión es entre continuismo y cambio.

Perdieron los políticos, ganó la democracia

por Fernando Marguery

Este domingo ganó la democracia. Porque de acuerdo al resultado electoral y la distribución de bancas, tanto en el senado como en la cámara de diputados (y especialmente en esta última), se conformó una representatividad más plural. El ingreso de partidos nuevos, como Cabildo Abierto, el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI) e incluso el Partido de la Gente (ahora con un diputado propio) le aportan un crisol de opiniones más amplio a la discusión política y eso no puede hacer más que enriquecer el debate.

Pero aún más significativo que esa pluralidad, que no es menor, es el hecho que, después de 15 años, en el Poder Legislativo se hayan terminado las mayorías automáticas hegemónicas que tantas veces se llevaron todo puesto, incluso hasta a la propia Constitución de la República. Se llevaron puesta la decisión popular expresada en plebiscitos, y se llevaron puestos a los legisladores de la oposición, representantes de casi la otra mitad de la población. Se podrá decir, y con razón, que, en tiempos de gobiernos blancos y colorados, conformando mayorías acordadas, también se atropellaba la opinión de sus adversarios políticos, representantes en aquellos tiempos de un grupo muy grande de la sociedad. La buena noticia es que al menos por los próximos cinco años ¡se terminó!, y gane quien gane el 24 de noviembre, tendrán que “parlamentar” mucho, negociar, buscar acuerdos, admitir opiniones ajenas y tratar de hacerlas encajar con las propias. Sin dudas el domingo ganó la democracia, ganamos todos.

¿Ganamos todos? No, el sistema político volvió a perder. Perdió votos el Frente Amplio, perdió votos el Partido Nacional, perdió votos el Partido Colorado y perdió votos el Partido Independiente. Todos. Se pueden escuchar o leer por estos días sesudos análisis de conspicuos politólogos y una cantidad de “opinólogos” entre los cuales perfectamente me podría incluir.

Mi análisis no es muy “sesudo” y se basa en datos del Latinobarómetro 2018. La confianza de los ciudadanos uruguayos en los partidos políticos está en caída libre desde hace años. En 2017 era del 25 %, es decir que uno de cada cuatro manifestaba confianza. En 2018 volvió a caer al 21 %. Por encima de los partidos políticos la gente manifiesta mayor confianza en las Fuerzas Armadas (62%), en la Policía (59 %), en los Bancos (54 %), en los medios de comunicación (49 %), en la Iglesia (38 %) y en los Sindicatos (34 %), por nombrar algunos. Los Partidos Políticos están últimos (!). Y no sólo eso. Según la misma fuente, en los últimos 20 años (1998-2018) el apoyo a la democracia de los ciudadanos uruguayos cayó 20 puntos porcentuales, pasando del 81 % al 61 %. También el índice se satisfacción con la democracia cae, ahora ubicado en un 47%, aunque es cierto que es el más alto de LA, donde el promedio cayó en 10 años (2018-2018) de un 44 % a un 24 %. Y un datito más del Latinobarómetro de 2018 que asusta: un 16 % de los uruguayos cree que un gobierno autoritario puede ser preferible al sistema democrático (el promedio en AL es del 15 %).

El Partido Cabildo Abierto que lidera el ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Guido Manini Ríos, en apenas seis meses y sin infraestructura ni recursos económicos cosechó el domingo 260.000 votos. Y otros casi 90.000 votos fueron anulados o en blanco. La reforma constitucional que un solo sector del Partido Nacional impulsó con normas relativas a la seguridad pública, sin el respaldo de ninguno de los candidatos a presidente y con todo el gobierno y su fuerza política, más la central sindical y toda la academia en contra, sumó 1.120.780 votos. Perdió, pero su expresión, a contrapelo de “casi” toda la clase política, es contundente.

Dijo el científico y escritor alemán Georg Christian Lichtenberg (1742-1799): “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

La “clase política” y los partidos políticos han cometido muchos errores, ojalá los que vengan recuperen la vergüenza no solo para recuperar nuestro respeto, sino para que nos sintamos orgullosos de ellos. También dijo el mismo Lichtenberg: “No puedo decir si las cosas mejorarán si cambiamos, lo que pudo decir es que deben cambiar si quieren mejorar”.

Nuevos Tiempos por Celina McCall

Lo primero que quiero festejar con el resultado electoral del domingo pasado es que nadie consiguió mayoría parlamentaria. Para el oficialismo, eso significa bajarse del pedestal donde la ciudadanía los había puesto, para el terraplén donde la gente quiso ponerlos ahora.  En ese llano van a tener que empezar a escuchar un poco más qué es lo que verdaderamente desvela a los uruguayos.

La democracia deja de serlo cuando la mayoría circunstancial resigna escuchar a la minoría.     Por eso la alternancia en el poder es necesaria y casi imprescindible.  Nadie se debe sentir inmortal. La inmortalidad trae consigo la impunidad.  ‘Todos hablan de democracia en una forma muy simple, pero una cosa es hablar y otra es comprender y asumirla como forma de vida y no sólo como el método para dirimir algunas diferencias a través de elecciones en donde gana la mayoría, porque amparado en las mayorías se han cometido muchas injusticias’, escribió en una columna del Portal Analítica el venezolano Heberto Díaz Oquendo.  Hago eco de sus palabras. Venezuela sabe bien lo que es vivir bajo el yugo de una tiranía disfrazada de gobierno del pueblo y para el pueblo.

Casi la mitad del padrón votó por reformar la Constitución para vivir más seguros.  Algunos salieron a vanagloriarse de haber impedido que saliera la reforma.  La actitud debería haber sido escuchar a ese millón y pico de uruguayos que gritó: ¡Hagan algo!

También quiero festejar la normalidad y alegría con que se vivió el domingo la fiesta cívica.  Cierto que estuvo empañada por la quema y rotura de papeletas del sí a la reforma constitucional – y el consecuente despliegue de la “hazaña” por las redes sociales.  Son esas señales que nos advierten que debemos cuidar nuestra República.  Hechos como esos deben ser penados y repudiados por todos.

Espero sinceramente que también sea la última elección nacional con listas y columneras.  Quisiera que se legisle sobre el tema antes de las próximas elecciones nacionales.  Tienen cuatro años para hacerlo. Infelizmente no hay tiempo para las municipales. Porque en épocas de lo políticamente correcto, no hay nada más ecológicamente incoherente que el uso y desperdicio de toneladas de papel y plástico para dirimir una elección.

Los próximos 25 días van a ser difíciles.  Serán un ejercicio de paciencia.  La República exige que no la perdamos.  Independiente de quién gane el balotaje, ya se respiran nuevos tiempos.  Me siento más libre.

 

El necesario cambio de signo por Fitzgerald Cantero

Los resultados del domingo -aún en proceso- nos permiten hacer múltiples análisis.

Por lo escaso del espacio y a cuenta de más en el futuro, podemos dar unas pinceladas generales que nos aproximen a un panorama claro.

Como primera gran reflexión, debemos decir que estamos ante un cambio importante a varias bandas.

Para empezar, luego de tres elecciones consecutivas ganando con la mayoría de ambas Cámaras, es la primera en la que el Frente Amplio vota por debajo del 40%, que fue lo que obtuvo en 1999.

No habrá mayorías propias de un solo lema. Ese es un gran cambio.

Otro, es la muy buena votación de Cabildo Abierto, novel partido que alcanza la votación del Partido Colorado de 2004. En pocos meses consigue una representación importante, con 3 senadores y 11 diputados.

Otro cambio es la cantidad de partidos, si bien el Partido Independiente baja su representación, se mantiene con una banca; y el Partido de la Gente mantiene la que ya tenía, hay un nuevo partido que entra: el Partido Ecologista Radical Intransigente; y uno que sale: la Unidad Popular. Más el ya mencionado Cabildo Abierto.

Tendremos una Cámara de Diputados con 7 partidos (al menos con los datos conocidos al momento, puede sumarse uno más).

Los tres primeros partidos perdieron votos, sin embargo, tanto blancos como colorados sumados, superan al Frente Amplio, algo que no ocurría desde 1999.

El próximo será el primer balotaje en el que quienes están en la oposición, tienen serias chances de ganarlo. Recordemos: en 2004 no hubo, y en 2009 y 2014 el Frente Amplio ya había obtenido las mayorías parlamentarias en primera vuelta.

Con más del 60% del electorado eligiendo opciones distintas al Frente Amplio y con un arco opositor consolidado en una opción de gobierno -como tampoco había sucedido en las instancias previas- parece improbable que el partido de gobierno pueda remontar la situación y mantener el control del Poder Ejecutivo.

También es llamativa, y merece un análisis más profundo para evidenciar sus causas, la votación del partido de gobierno por debajo de sus propias expectativas. Ello a pesar de tener todo el poder del Estado; el poder de seis intendencias; de las monótonas “campañas de bien público”; de la organización sindical siempre presta a convertirse en brazo funcional a la fuerza política; de las organizaciones estudiantiles, que al igual que con la propuesta de la baja de la edad de 2014, hicieron campaña contra la reforma Vivir sin Miedo, utilizando las estructuras educativas.

Para dejar por aquí y por ahora este análisis, decir que los colorados estamos convocando a nuestros votantes a acompañar la fórmula Lacalle-Argimón, pues como afirmé en estas páginas el 17 de octubre pasado, estamos “Preparados para gobernar”.

¿Y si Lacalle es mucho más de lo que los comunicadores-militantes y politólogos afines creen que es? Por Washington Abdala

Politólogos, comunicadores, analistas y periodistas militantes afines al partido de gobierno están muertos. Muertos en vida. Algunos no disimulan, otros entienden que está llegando la guillotina y emiten estupor. Es comprensible.

Estos personajes no quieren dar la batalla por perdida y entonces conjeturan, analizan y piensan en diversas hipótesis de cómo el Ingeniero Martinez -con su piso del 40%- le comerá fugas al resto del sistema político. Y allí se articulan una serie de análisis sesudos, viajes al imaginario colectivo, ensoñaciones surrealistas y alegorías de ese tenor.

Son infantiles. Están asustados y creen que La Parca se bajará de la horqueta. Aún no, el gaucho Miseria la tiene interdictada. (El Herrero y la Muerte).

Soy claro: la idea es que Lacalle perderá votos; la idea es que habrá fugas enormes de colorados y cabildistas; la idea (Mendez hoy con Rosenberg en Del Sol) es que el acuerdo de cúpulas se morirá; la idea es que Lacalle se verá quien es él, al no poderle prohibir a sus asesores expresarse (Mendez hoy con Rosemberg).

Es tan infantil y necio todo que es no entender que seis de cada diez uruguayos no quieren más el gobierno. Repito, 6 de cada 10 le dicen chau. Tercera, si podés oíla como un grito: 6 de cada 10. ¿Te parece poco?

Lo otro que no entienden los dogmáticos es que podría suceder algo que no imaginan. ¿Qué pasa si Lacalle se manda flor de campaña, si sigue en ese rol que asumió de Buda manso y razonador y cuando le pegás te la devuelve suave y con frase a lo Kung Fu? ¿O no están viendo que los molió a palos? Repito: a palos.

Ayer en la televisión es tal el cuidado de tantos analistas afines al gobierno, (en algunos casos obscenos notorios) que nadie decía lo obvio: la oposición derrumbó al gobierno. Y lo hizo con “declaraciones” de todos los partidos políticos. Todos. Repito por tercera vez – grito- todos.

Y pocos fueron claros como para decir: “de esta posición arranca con franca chance Lacalle Pou quien acaricia la presidencia de manera clara”. (Luego, muchos no quieren que los comparen con el periodismo argentino, o se sospeche -se sabe- de varios que son comunicadores-militantes. La transmisión de TV Ciudad es antológica, miren los videos y son increíbles, hasta los porcentajes fueron Disney.)

¿Y si resulta que además de lo que acumulará Lacalle con sus aliados suma mucho más? ¿De veras alguien cree que las fugas serán enormes en el Partido Colorado? No advierten que Ernesto Talvi y Julio Sanguinetti son personalidades algo intensas como para no dejar que suceda eso. ¿No es obvio que se construye un acuerdo de hace tiempo desde lo fáctico porque ya no se soporta más al gobierno? ¿O es una broma para video match no advertir lo obvio chicos? ¿En serio alguno cree que el General Manini no le advirtió a su electorado hacia donde iba? ¿Ustedes creen que los que apuntalan a Lacalle se borrarán? ¿Y los partidos chicos no empujan? (Y los que al calor de la fiesta se borran porque no quieren perder…) Pueden imaginar que Terminator tres será como será porque no la vimos aún, pero Terminator uno, conocimos el final y es solo narrarlo. Fin de la historia.

Va bochita: es muy de necio partir de la premisa que yo entro al segundo tiempo y voy a meter tres goles en terreno visitante. Lamento, la vida real es River Plate con Boca. El que saca ventaja marca el terreno. Y la gente –perdonen adorados- a veces mira mucho ésto y pendula. Capaz que el 40% decrece chicos, sorry…. capaz que no aguanta…no lo sé, ni siquiera me lo planteo, solo se los digo para que también lo piensen un poco.

Si yo tuviera al Ingeniero Martinez de candidato sabría que estoy en una montaña rusa. Lo veo a Lacalle y es como tener a Forlán en su apogeo: prolijo, agudo, emocional e intenso. Y te la manda a guardar de costado, aunque la veas venir, te muerde con elegancia y sin registro del Var. No quiero ofender, pero hasta el propio Desbocatti lo gasta con sus zezeos…(Y no estamos ante el mejor Desbocatti por estos días cuando no logra ver lo obvio. Se cansó la gente y punto.)

Disculpen no, vuelvo: ¿Esa hipótesis no la pensaron? Lo del Frente Amplio es solo utilizar a Saravia y a Don Pepe de una manera que cuando la usan, cualquiera se da cuenta que es un vilipendio de cadáveres. Los que somos de los partidos históricos sabemos cuando alguien usa el fetiche o cree en los símbolos. La profanación sale exactamente al revés: resulta grotesca, ordinaria, ofende al emisor que no la encarna y les resta votos (que sé que es lo que más les preocupa). Tocále a un blanco a Wilson, garroneá a Batlle para los batllistas y sabrás –sin que te lo diga nadie- que estás en zona de error. (¿Le creerías a Lacalle hablando de Frugoni? ¿O haciendo una apología del Che? ¿O leyendo frases de Allende? Verdad que es idiota pensar algo así. Bue…)

Y aunque les resulte raro, a muchos integrantes de los partidos históricos nos resulta una historia compartida (nuestras luchas desmesuradas) en las que de los errores del pasado nos obligaron a conocernos y a redimirnos de lo que hicimos mal. Pero se aprende siempre adorados, siempre.

Lo que digo es solo esto: hagan la estrategia que quieran, pero no falten a la verdad. Mendez, no puede faltar a la verdad con la existencia de “acuerdos de cúpulas” en relación a los votos blancos, colorados y cabildistas que valen igual que los que se le dispensan a su candidato.

Hagan lo que quieran, muestren lo que quieran, pero respeten, como nosotros respetamos quince años sabiendo que en algún momento el destino habría de cambiar. Hace unos días escribí que esto iba a suceder. Allí están los registros, para mi no hubo novedad. La realidad siempre es la que es, no la que creemos que es. Respetando, ganamos todos.

Cuando más es menos: el gobierno y la crítica de las urnas por Oscar Mañán

Bottinelli sostenía el domingo que no debe confundirse entusiasmo con votos. Esto vale tanto para la consulta pasada como para la venidera.

El resultado de la primera vuelta electoral, salió en las condiciones que ya adelantaban las encuestas. Una mayoría para el partido de gobierno, mismo que resintió sus tres gobiernos consecutivos, disminuyendo su caudal de votos. La oposición tuvo tres partidos principales que si suman votos alcanzarían para remover al partido que conduce el ejecutivo en el balotaje. Además, la consulta para introducir una reforma constitucional no prosperó si bien llego a reunir más del 46% de los votos.

El sistema político uruguayo cambió de manera importante. Ahora, ya no se puede hablar de un sistema de dos partidos y medio, sino que existen dos partidos grandes y dos más chicos con caudales potenciales de votos parecidos. Por otro parte, existe una atomización de partidos que votaron en el entorno del 1%.

Si bien es difícil caracterizar expresiones ideológicas de los votantes, podría hablarse de un corrimiento de éstos a expresiones más conservadoras. El gran emergente que capitaliza estas posturas es Cabildo Abierto (CA), cuya creación data de no más de seis meses y logró posicionarse como el cuarto partido más votado detrás del Partido Colorado (PC).

Asimismo, un conjunto de pequeños partidos (con el patrón de medida de los votos), son una expresión más acabada del descontento generalizado con algunas de las carencias de gestión del gobierno o la distancia entre los objetivos iniciales del FA y las políticas llevadas a cabo en sus administraciones. Los fracasos para las expectativas son el Partido Independiente (PI) y el Partido de la Gente (PG), ambos alcanzaron un diputado. Curiosamente, el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI) también llegó al parlamento. Los que quedaron fuera, deberán hacer una autocrítica de sus estrategias de acumulación fuerza para la vía electoral.

La segunda vuelta aparece como un trámite para la posibilidad articuladora demostrada por Lacalle Pou, ya habla de un gobierno multicolor, capaz de fortalecer una alianza con PC, PI, CA, PG. Hemos sostenido desde estas páginas que las coaliciones de gobierno tienen fecha de vencimiento, pero las electorales consiguen su propósito.

¿Qué expresa el resultado? Aquí más no es mejor a menos. El FA consiguió más votos pero no tuvo autocrítica que pudiera abrir una esperanza, como lo hizo Mujica cuando prometió “profundizar el cambio” (aunque no cumplió) o Vázquez con “el sistema de cuidados”, nada comparable a la “rebaja del IVA para las toallitas higiénicas femeninas”.

La alianza conservadora tendrá seguramente mayoría electoral, lo que no le asegurará gobernabilidad, ni acuerdos de gestión económica o una política de seguridad eficiente y menos una política exterior coherente, responsable y de buena vecindad. Cierto autismo autócrata impide al FA buscar alianzas con los pequeños partidos ideológicamente afines pero críticos del gobierno.

Colgados del alambre por Fernando Pioli

El resultado electoral nos reveló un panorama nuevo, o quizá con más propiedad deberíamos decir que nos muestra un retorno a un panorama viejo. El Frente Amplio se encuentra, desde hace tres elecciones, por primera vez sin mayoría parlamentaria. Podemos preguntarnos por el origen de esta caída abrupta de la aceptación del partido de gobierno, y rápidamente nos encontraríamos con la huella de los casos mediáticos de corrupción que increíblemente no fueron atacados con diligencia en el momento en que ocurrieron y cuestiones por el estilo.

Pero ante la obligación de ser más sutiles y cuidadosos en la búsqueda de explicaciones no puedo detenerme en otro lado que no sea la fórmula presidencial. La carrera política no es para cualquiera, porque el ser humano (justamente la condición humana es lo que comparten los votantes) es extraordinariamente complejo e impredecible, por más esfuerzo que hagan por convencernos de lo opuesto. Martínez tiene problemas notorios para encontrar las palabras adecuadas que reflejen su pensamiento, pensamiento que descarto es agudo y sofisticado. Su comportamiento en escena seguramente provoca más rechazo que seducción ante un auditorio neutro, es decir, no tiene carisma.

Su candidata a Vice es una desconocida, condición que se ha empecinado en perpetuar. ¿Qué sentido tiene conformar una fórmula con una desconocida que participa muy poco? El resultado de esto es que al FA no lo votó nadie que no fuese previamente simpatizante del FA.

Lo impactante de todo esto es que con todas estas dificultades el Frente Amplio sigue teniendo una base social muy sólida, y no sería de extrañar que Martínez dé batalla en el balotaje. Este es el peso real de las conquistas sociales que se han logrado en este periodo, peso que sostiene al gobierno y que seguramente haga que en el 2024 vuelva a tener chances reales de una nueva victoria.

Pero si en esta etapa final el Frente Amplio logra ganar el gobierno lo hará a pesar de todos los errores de comunicación infantiles en los que la fuerza política y la fórmula presidencial han caído, errores que nunca cometieron Mujica no Tabaré. Sería un milagro, y esta vez sí, exclusivamente de los militantes de a pie.

Elección por la gobernabilidad por Gonzalo Baroni

Lo que nos dejó estas elecciones es la consolidación de los partidos tradicionales. De tres partidos tradicionales. Y a esto me refiero a su proceder y síntesis de sus distintas corrientes de pensamiento.

Algo que siempre se le ha atribuido a blancos y colorados es su forma de dirimir contrapesos en las urnas nacionales. Esto ha contraído grandes peleas y debates públicos, a diferencia del Frente Amplio que siempre “ha barrido hacia adentro” sus problemas. Sin embargo, algo que había empezado en las internas, terminó por expresarse en la votación frenteamplista. Todos con sus listas, sus grupos y sus intereses. Ninguno con el común. Martínez fue de todos y no era de nadie. El MPP fue el gran ganador de la coalición gobernante, casi sin nombrarlo. Ni que hablar de su estructura paralela de delegados y campaña “por el senado”. También es de destacar, el fuerte liderazgo de Andrade, aunque quitándole su tradicional halo de colectivismo a los comunistas en pos de un caudillismo atenuado. Por último, el ala socialdemócrata va a tener como desafío articularse y superar la dependencia de figuras históricas como Astori.

El Partido Colorado se mostró más balanceado que en elecciones anteriores. Dos sectores con pesos relativos similares, con formas de hacer política distintas e inclusive con proyecciones de gobernar espacios distintos. Por un lado, la figura de Talvi aglomeró representantes con un discurso de cara a lo nacional y con un perfil marcadamente metropolitano. Por el otro, los grupos que apoyaron a Sanguinetti se mostraron más arraigados a lo departamental y a estructuras políticas. Eso probablemente fue parte de lo que terminó incidiendo en los espacios relativos obtenidos. La caída de las chances de la candidatura presidencial de su candidato, al parecer impactó más en los primeros. En aquellos que apelaron al voto de opinión y que valoraron menos parte de lo que sostuvo durante tiempos del Partido Colorado menguado. No quisiera ponerme a valorar el caso Bordaberry, el cual, a grosso modo, podría haber sido valla de contención de votantes conservadores.

La novedad fue Cabildo Abierto. Un gran porcentaje de votación a escasos meses de haberse constituido. Política hacían hace tiempo, aunque ahora sin la mano tendida de integrantes del Ministerio de Defensa de lo últimos años. Sus futuros legisladores, además de destacarse por no haber participado en estructuras políticas, terminan siendo electos a costas de su candidato presidencial, Manini Ríos. Su desafío va a ser hacerse valer por encima de la fuerte figura caudillezca y traducir su representatividad al territorio. Quizás, eso lo empecemos a dilucidar en las elecciones departamentales.

Uno de los ganadores de la jornada fue el Partido Nacional. Se consolidó como líder de la oposición, pero también demostró que las candidaturas como la de Lacalle Pou, construidas con tiempo, terminan triunfando en las urnas. El mismo no es en cuanto a números, ya que salvo Cabildo Abierto, todos los partidos mayoritarios votaron menos que en las elecciones anteriores. Me refiero a la forma de hacer política. Conjunción de profesionalismo y aplomo en la conducción, junto al nexo de lo territorial con el voto de opinión.

En el ballotage votaremos entre dos candidatos con coaliciones. El del gobierno, que no ha podido alinear a sus supuestos socios de partido, y el opositor, Lacalle Pou, que ha recibido el apoyo de cuatro partidos y ha unificado el suyo propio. Yo elijo gobernabilidad.

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