Home Literatura Emeric Essex Vidal en el Cabildo por Nelson Di Maggio
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Emeric Essex Vidal en el Cabildo por Nelson Di Maggio

Emeric Essex Vidal en el Cabildo por Nelson Di Maggio
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Los primeros artistas visuales que registraron la realidad uruguaya fueron extranjeros. Mientras que el país contaba con intelectuales nativos —Larrañaga, Pérez Castellano, Benito Lamas, Bartolomé Hidalgo, Juan José Martínez, quizá el primer dramaturgo— la pintura tuvo que esperar hasta Juan Manuel Blanes y Eduardo D. Carbajal en la década de los 30 del siglo xix. Las imágenes visuales, mientras tanto, eran privativas de artistas viajeros. El primero y más fantasioso fue Schmidl (1567); Ottsen (1603), y al finalizar el siglo otro documento gráfico del cartógrafo holandés Vingbooms. Habrá que esperar a 1748 para que el portugués Silvestre Ferreira da Silva publique el libro Relaçaõ do Sítio, que o Gobernador de Buenos Aires D. Miguel de Salcedo poz no anno de 1735 à Praça da nova Colonia do Sacramento… Las aguadas de Fernando Brambila (1794), celebrizado por sus Señoras de Montevideo folclórica y estrictamente testimoniales; los modos de vestir de los habitantes de Montevideo de Dom Pernety (1770), o los elementales dibujos del misionero William Gregory (1799).

Quien dio una visión de conjunto, menos fugaz y transitoria, fue Emeric Essex Vidal. En su doble condición de dibujante-acuarelista y escritor, penetró en la idiosincrasia vernácula con imperturbable discreción británica. Respetuoso de un mundo que no era el suyo, jamás violentó la realidad que iba descubriendo no sin cierto asombro. De las dos etapas en que se puede dividir su obra, pautada por tres viajes americanos, la última es la de mayor envergadura: Cabo de Hornos, acuarela de grandes dimensiones, perteneciente al Museo Fortabat de Buenos Aires, remite a las marinas de Turner. La primera fase, un álbum, es incanjeablemente naïf, de una delicada sensibilidad, recorrida por una emocionada y contenida visión que no intenta perturbar ni idealizar lo que ve. Coincidió temporariamente con el francés Adolphe D’Hastrel, otro marino aposentado en la isla Martín García que dulcificó y romantizó el paisaje y los gauchos enamorando chinas y cantando tristes y yaravíes. El vasco Juan Manuel Besnes e Irigoyen, maestro de Blanes, vendrá veinteañero a Uruguay y se convertirá, por residir permanente hasta su muerte, en el primer pintor nacional.

Vidal (Inglaterra, 1791-1861), marino, pintor, hábil dibujante y calígrafo entró como escribiente en la marina inglesa. Navegó por el mundo —dejó un panorama circular de Río de Janeiro de seis metros de largo— y llegó a Montevideo en el buque Hyacinth, en 1816. En ese año estampó la primera acuarela del puerto, que repetirá varias veces. Permaneció cerca de dos años viajando entre Montevideo y Buenos Aires; amistó con la sociedad porteña y uruguaya. Dejó cuarenta acuarelas con objetivo encanto de faenas rurales, calles empedradas y sus habitantes; las estancias de Colonia, gauchos y calles montevideanas. Regresó a Inglaterra en 1818. Rudolph Ackermann, periodista y editor angloalemán, decidió publicar, sin el consentimento del autor, 25 acuarelas, dos de ellas referidas a Uruguay con el título Picturesque Illustrations of Buenos Ayres and Monte Video consisting of Twenty-four Views: accompanied with descriptions of the scenery and of the costumes, manners, &c. of the inhabitants of those cities and their environs by E. E. Vidal, Esq. London, 1820, que se convirtió en un libro de referencia.

La exposición inaugurada el sábado en el Cabildo, en una de las salas superiores, reúne 22 acuarelas y grabados originales de Vidal, propiedad del acervo propio. Es un gran placer volver a contemplar la obra de Vidal, que, como pocos artistas extranjeros, registró con autenticidad y seductor encanto la realidad nacional. Debió estar acompañada por D’Hastrel o Besnes e Irigoyen y evitar referencias a grabadores muy posteriores. El valor histórico de la muestra, al recuperar un tramo de la historia nacional, la hace imprescindible.

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