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Festival de cine europeo

Festival de cine europeo
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Una semana a puro cine que irá en Alfabeta de Montevideo y Punta Shopping de Punta del Este. Los precios son los corrientes, y son válidas todas las promociones habituales. Los espectadores podrán emitir su voto a cada película vista, y al finalizar la muestra se dará a conocer las tres películas preferidas por el público. En esta edición se presentan ocho films europeos, tres de los cuales ya han sido vistos por este cronista.

El reino (España-Francia, Rodrigo Sorogoyen) viene precedida por la aureola de los siete Goyas recibidos en febrero. Se focaliza en un carismático político (Antonio de la Torre, excelente) destinado a suceder al actual presidente del partido, pero un caso de corrupción que ensucia a un compañero termina salpicándolo a él. Para su asombro, el partido le quita el apoyo e intenta hacerlo cargar con la responsabilidad del entuerto. A partir de entonces el protagonista tratará de sobrevivir llevándose al mundo por delante. La trama, con formato de thriller frenético, relata la caída de un “reino” que parecía destinado a durar eternamente. Para narrar la feroz debacle el director Sorogoyen apela a su innegable capacidad para la puesta en escena, proporcionando a esa espiral de lucha por la supervivencia un ritmo narrativo y un estilo que remite a las mejores muestras del género policial. Durante dos horas la película enciende conciencias a ritmo enardecido, aunque en los últimos 20 minutos el talento resbala debido a una secuencia (el accidente automovilístico) que rompe con la verosimilitud de todo lo visto hasta entonces, más una bajada de línea final innecesaria que machaca un mensaje a esas alturas muy claro. Ese epílogo no hace caer al film, pero lo desluce sin duda alguna.

Transit (Alemania-Francia, Christian Petzold) no es un film experimental sino uno que juega con un enfoque temporal que da nuevo valor a lo que se ve. Está basado en una novela sobre la ocupación nazi en Francia, aunque aparece contado como si todo ocurriera hoy. Aquí hay fascistas ocupando Francia, pero no hay carros de la Gestapo sino policías comunes y corrientes, taxis modernos y celulares. La metáfora que de ello se desprende muestra cómo el trato que hoy se le da a los refugiados no es distinto del de 1942, cuando la sociedad civil daba la espalda a los perseguidos necesitados de protección. Pero Petzold no hace política convencional, sino que utiliza los recursos y las figuras del melodrama para contar ese purgatorio en vida que fue (y aún es) la condición de perseguido político, de refugiado, de paria social. Todo arranca como un film de espías antiguo, y al principio sorprende el choque entre los diálogos (típicos de una historia sobre la Francia ocupada) y las locaciones actuales, pero una vez que uno se acomoda al asunto la película se convierte en un melodrama clásico, más vinculado a Casablanca que a cualquier título actual. Petzold no invita a la nostalgia, sino que la utiliza para hacer un film conceptual y político, sin dejar de buscar por ello la emoción genuina del espectador.

El árbol de las peras silvestres (Turquía, Nuri Bilge Ceylan) cuenta la historia de un joven graduado en Literatura que, entre cinismos y terquedades, siempre ha querido ser escritor. De vuelta a su pueblo natal en la Turquía profunda intenta reunir el dinero necesario para publicar su primera novela, pero las deudas de juego de su padre y los problemas familiares que de ello se derivan le dificultarán sus planes. 188 minutos puede parecer mucho para contar este tipo de historia, sobre todo para el espectador actual, (mal) acostumbrado al frenético ritmo de lo que fabrica Hollywood a diario. Sin embargo Ceylan es un maestro del drama familiar moral, y se las ingenia para narrar una historia minimalista que abreva en Chejov, mediante una frondosidad narrativa que remite a Dostoievski. Ceylan se deleita preparando situaciones en las que los personajes hacen comentarios que parecen referidos a la sociedad actual, mientras que en otros momentos juega con un humor que rebasa el tiempo y el espacio en que se enmarca la historia. La película en definitiva contempla la existencia, los hechos y las cosas que nos han convertido en los que somos, abriendo interrogantes sobre la familia, el talento, la sociedad y las mil circunstancias del diario vivir.

Las cinco películas restantes, aún no vistas por este cronista, también tienen interés. Entre la razón y la locura (Irlanda, Farhad Safinia) aborda la compilación del Diccionario Oxford de la Lengua Inglesa llevada a cabo por el profesor James Murray, empresa para la que un veterano de la guerra civil americana, preso en un asilo para criminales dementes, contribuyó con más de diez mil palabras. Actúan Sean Penn y Mel Gibson. Dovlatov (Rusia, Aleksey German Jr.) sigue durante seis días a un brillante e irónico escritor dentro de los rígidos límites de la URSS en 1970. La boda (Bélgica-Francia, Stephan Strecker) cuenta los incidentes de una joven belga-paquistaní obligada a seguir la tradición religiosa para elegir marido. Rey de ladrones (Gran Bretaña, James Marsh) es una comedia sobre una veterana pandilla que quiere dar un último gran atraco a una joyería de Londres. Actúan Michael Caine, Jim Broadbent, Tom Courtenay y Michael Gambon. Y Los papeles de Aspern (Gran Bretaña, Julien Landais) promete ser una lustrosa adaptación de la novela de Henry James ambientada en Venecia a fines del siglo 19.

Los horarios de la programación pueden consultarse en www.lifecinemas.com.uy

Amilcar Nochetti Tiene 58 años. Ha sido colaborador del suplemento Cultural de El País y que desde 1977 ha estado vinculado de muy diversas formas a Cinemateca Uruguaya. Tiene publicado el libro "Un viaje en celuloide: los andenes de mi memoria" (Ediciones de la Plaza) y en breve va a publicar su segundo libro, "Seis rostros para matar: una historia de James Bond".