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La discriminación por edad en el trabajo por Gabriel Barandiaran

La discriminación por edad en el trabajo   por  Gabriel Barandiaran
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Mientras los uruguayos comenzamos a discutir el aumento de la edad jubilatoria a 65 años, según algunas propuestas que hemos escuchado en la campaña electoral surge con fuerza otra causa de discriminación que va en contra de lo anterior:  la discriminación por edad.

No es una forma de discriminación nueva.  A mediados del siglo XX, algunos países como los Estados Unidos, la declararon ilegal.  En el año 1969, el médico siquiatra Robert Butler la denominó “ageism”, que debería traducirse como “edadismo”, e involucra tanto a los jóvenes como a los viejos.  A unos por imberbes, faltos de experiencia, inestabilidad emocional, y otras cosas que se le atribuyen falsamente, a los otros, por egoísmo, irritabilidad, confusión, prepotencia, despreocupación por el futuro o miedo, entre otras características atribuidas.  Como toda discriminación la lista es genérica, injusta y descalificante y basadas en su condición y no en las características personales propias.  Para el que la sufre, tendrá por delante la carga de demostrar que no es nada de lo que se le atribuye por su condición relacionada a los estereotipos que lo sustentan, lo que resulta en una tarea muy difícil de cumplir.  Quién no ha escuchado frases del tipo: ““Estás muy bien para tu edad”, “andá a la plaza a darle de comer a las palomas” o “mi padre no es el típico hombre mayor”.  Todas revelan un prejuicio que, como tal, es difícil de levantar.

Y como parece que los humanos estamos siempre atentos a aquello que nos diferencia, es necesario la educación y conciencia cívica debe primar a la hora de considerar al otro si no queremos caer en estas aberraciones.  Además, existe una diferencia fundamental entre el edadismo y las otras discriminaciones como la de género, raza, sexo, capacidad, etc.  Todos fuimos jóvenes y, si nos mantenemos vivos, llegaremos a ser viejos. Por tanto, si no la sufrimos al comienzo de nuestra vida social, la sufriremos al final.  Es sólo cuestión de tiempo.  Y algunos la sufrirán en forma doble, como por ejemplo, la mujer que después de madura es discriminada por su dos condiciones relacionadas al sexo y a la edad.

La manifestación más fuerte de edadismo es en el trabajo.  Existen causas sociales, económicas y hasta políticas que impulsan a este tipo de discriminación.  Por un lado, en un país con un índice de desocupación importante, la competencia por los puestos de trabajo lleva a que las empresas quieran deshacerse de los seniors porque, en general, ganan sueldos más altos.  La frase típica es que “con tu sueldo puedo conseguir dos personas que hagan tu trabajo y sin gastar un peso más”.  Algunos gremios que han defendido históricamente las fuentes de trabajo han aceptado tranquilamente que algunas empresas pueden despedir sin mayores problemas a aquellos empleados que llegaron a cierta edad.  También ocurre en algunas reparticiones públicas que se presiona a los veteranos a que acepten jubilarse con el fin de dejar lugar a adeptos al partido que teme perder las elecciones.    El problema es que estas condiciones alientan la persecución hacia el veterano, buscando incentivar su retiro, mediante acciones de discriminación, alentando estas prácticas en los hechos de parte del resto del personal.  Y para que esto pase, muchas veces es necesario desconocer intencionalmente el valor agregado que aporta el senior, en pos de otros objetivos ajenos a la productividad y el desarrollo.  Que quede claro, no estamos hablando de empleados buenos y malos, sino que muchas veces se prescinde de esta evaluación para ver a las personas a la luz de prejuicios que se ponen por delante de sus consideraciones objetivas de rendimiento.

El Uruguay se enfrenta al desafío de una población que se mantiene más o menos en los mismos números, pero que cada vez vive más.  Esto es una ventaja:  la calidad de vida mejora, la medicina progresa y los uruguayos vivimos más y mejor.  Pero esto, aunque bueno socialmente, nos hace enfrentar nuevos problemas sociales y económicos.  Por ejemplo, cada vez más será necesario alentar a que las personas extiendan su vida productiva más a allá de los 60 años si no queremos llegar al colapso de la seguridad social.

Las autoridades han sido conscientes de esta situación y han promovidos leyes en favor de la creación de trabajo para los que se encuentran en los extremos de edad:  los menores de 25 y los mayores de 45 años.  Pero esto no es suficiente.  Se necesita una toma de conciencia en torno a este problema de parte de la misma ciudadanía y sumar esfuerzos para luchar en contra de todos los factores de discriminación que, lamentablemente, se sufren en nuestra sociedad, y en la que, el edadismo, es uno más.

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