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Dos cosas finitas

Dos cosas finitas
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El decreto sobre libre circulación y asunto Venezuela propiciaron griterío bobeta de la talú.

De espaldas a la realidad, clamorean su protesta minicerebral. Saben poco porque leen poco y piensan nada. Se apegan a un monocultivo ideológico agusanado. Sólo buenos (ellos) y malos: de matinée, che. Rada, centraba una canción para niños de hace mil años en caca, pichí y culo; pues bien, eso es lo único que les surge en la sabiola a los radicales (zurdos y de derecha) ante los actos de gobierno y toda menta al reino de Maduro.

El decreto del Ejecutivo dice que el Ministerio del Interior dispondrá “las medidas pertinentes” para “preservar el uso público de las calles, caminos o carreteras cuyo tránsito se pretenda obstaculizar o interrumpir por personas o vehículos u objetos de cualquier naturaleza”, pudiendo requerir “en forma directa el auxilio de otros organismos públicos”.

Caras visibles del movimiento sindical (los fenómenos de siempre) presentaron recurso de revocación, otros hace largos alegatos garantistas, dignos del bíblico Onán, otros declaran que no se puede “legitimar la represión como forma de solución de conflictos”, otros apuntan al Ejército, otros acusan que se violan los derechos de reunión y de libre expresión de pensamiento, otros que se “proporciona aún mayor discrecionalidad para desactivar cualquier protesta social sin tener el aval del Poder Judicial para hacerlo”. ¡Por favor, no armen parrillero con carne podrida!

Casi ninguno (Fernando Gil Díaz, sí) recordó la recordó la Ley de Circulación Vial, que garantiza la libre circulación de las personas por todo el territorio nacional. Muy pocos se plantearon los hechos posibles. ¿Qué pasa si dejan estacionados camiones a ambos lados del camino y metros más atrás, en medio de la ruta, queda otro “roto”? ¿Y si viene una ambulancia con un herido grave? ¿Y bomberos? ¿Y la Policía persiguiendo asaltantes en la zona? ¿Pedís venia a un juez para actuar o actuás y buscás grúas y ayuda municipal? ¿Y si impiden sacar cosechas de campos y molinos? ¿Y si bloquean el Puerto?…  La referencia a la inmovilización transportista que descaeció el gobierno de Allende fue extrema pero pertinente.

El decreto emitido fue oportuno, conveniente recordatorio y legalista. Se dictó en medio de un conflicto patronal entre camioneros y el agro del arroz, con la amenaza de extensión a toda la producción nacional y puntos neurálgicos de ésta. Felizmente se solucionó sin que la quermese  pasara a mayores. Se lucieron los caca, pichí y culo.

Venezuela es surrealismo puro. Uruguay suscribió con otros trece países una declaración que se limita a reclamar las exigencias mínimas a un gobierno que se dice democrático. PCU, PVP, algunos PIT-CNT, AP, locos sueltos y mal de vientre, salieron a escena. Nadie ve lo que no quiere ver –así sea que tu madre esté encamada con el vecino de la esquina-. Los bolches todavía sucursaleros de una URSS estalinista que ignoran cesó el impresentable Yeltsin, estiman que la declaración del ministerio de RREE “suma objetivamente a los intereses de Estados Unidos y a la derecha”, por lo cual se propone generar un debate en el FA “para definir claramente quién dirige la política exterior y con qué criterios”.

Tabaré ya le contestó a Maduro, el del “pajarito chiquitico chiquitico”.

Dicen que Einstein dijo: “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; del primero no estoy seguro”.

Jose Luis Baumgartner Abogado, periodista y escritor.