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Héctor Solari en el Museo Blanes por Héctor Solari en el Museo Blanes

Héctor Solari en el Museo Blanes por Héctor Solari en el Museo Blanes
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Estremecedora reflexión sobre el mundo en cambio

Campos de Marte, combativa nominación de la antología de Héctor Solari, es indisociable del catálogo distribuido en el acto inaugural. Ambos se iluminan mutuamente, sacuden al espectador-lector al experimentar un recorrido fuera de lo común. Ambos se refieren a temas manipulados todos los días por los diferentes medios de comunicación: la guerra, la violencia, los asesinatos, las luchas en defensa de los derechos humanos, la destrucción de la naturaleza que, repetidos y banalizados, dejan anestesiada la sensibilidad hacia el horror y la barbarie.

Solari no está solo. Numerosos notables creadores contemporáneos se comprometen con esa realidad. Sí, es excepcional su coherente y persistente reflexión desde hace una década. Utiliza técnicas de ayer (dibujo, pintura) y de hoy (video, videoinstalación), en obras seleccionadas entre 2010 y 2019. Montevideano de 1959, con estudios de arquitectura, pintura con Guillermo Fernández y grabado con David Finkbeiner y Luis Camnitzer, emigró a Europa en 1987, residió en Francia y Suiza hasta radicarse en Alemania y en sucesivas ciudades (Bayreuth, Bamberg, Görlitz, Dresde y en la actualidad, Hamburgo). La errancia territorial y cultural, «identidad mestiza», afirma Solari, una condición nómade, provisoria, un estado que se descompone y se recompone —la desterritorialización deleuziana—, que rechaza igual un centro fijo, recorridos medidos y suelos firmes, recuerda Anne Cauquelin (Desde el ángulo de los mundos posibles).

Campos de Marte y el catálogo adoptan esa multiplicidad, el método pensado como un proceso, desplegado en el espacio extendido, en proceso, que vuelve y se repliega en el interior de lo que lo precede en un sistema de repeticiones permanente, brillantemente ejecutado en la inquietante videoinstalación inmersiva Diesseits (cámara, edición y sonido del artista) que ocupa la sala de entrada del museo y tuvo tres etapas (2010-2016-2019): en el original existía un panel colgante móvil que se movía por la sala —explica Solari— impulsado por un motor eléctrico colgado de rieles. En el Blanes se convirtió en un panel con movimiento autónomo que el visitante puede desplazar en diferentes sentidos y convertirse en actor y autor de la obra en alucinantes imágenes que aparecen y desparecen en desencadenada tropelía en loop compuesto por cinco canales y una duración de 15 minutos, no apta para el ánimo de todo público al crear una fuerte inestabilidad temporal.

Más sosiego se encuentra en la sala grande. Los dibujos, pastel y lápiz sobre papel (Té en Kabul, 2010), Mirando la guerra (2015) y Paisajes después de la batalla (2019), son rápidas anotaciones, difuminadas; representan un estado de ánimo, emocionantes en su grisura y en su dinámica compositiva. Las instalaciones (Tereus y Filomena, pastel y sangre sobre tela, 2019; Campos de Marte, instalación con dibujos, 2019) y los siete videos, de 11 y 3 minutos de duración, se refieren a personajes históricos y mitológicos en contextos actuales. La inteligencia y refinada amplitud cultural de Solari (literaria, filosófica, visual), la incisiva entrevista de Ana Solari y la lucidez de numerosos textos de críticos y escritores de varios países, la diagramación inventiva del catálogo (Andrés Ferrara) y de las fotografías del propio artista contribuyen a que Campos de Marte sea una de las más inolvidables experiencias de un artista uruguayo de registro internacional.

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