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La incertidumbre manda por José Luis Baumgartner

La incertidumbre manda por José Luis Baumgartner
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Eduardo Bottinelli, a quien estimo con mucho afecto, dijo días pasados que el FA está hoy 17 % por debajo de los partidos Nacional, Colorado y de la Gente. Quizá sea menos que los dos tradicionales sumados. ¿Por qué? ¿Qué le hizo perder 20 puntos? ¿Los otros tienen la precisa?

La realidad se trama con realidades.

Los descontentos son ciudadanos de clase media y baja, habitantes de suburbios y ciudades del interior, desempleados (hay 150 mil), informales, laburantes que cobran demasiado poco,  pensionistas en la llaga, gente que ha perdido su almacén o tiendita a manos de shoppings e hipermercados, pequeños tamberos y arroceros en la ruina. Son los empobrecidos por lo que ocurre en el mundo (y desconocen porque viven en la diaria): la globalización, lo que implica la pugna de los imperios, la explotación transnacional sobre productores de materias primas (los precios y compradores se fijan afuera). Lo obtenido gracias a los gobiernos del FA es pasado e importa nada. Prosperaron como por casualidad. No reconocen planes ni gestión. Cangrejo Rojo hasta se permitió mofarse de Astori. Ahora importa el ahora y lo que dicen que se viene.

Es cierto: tenemos inflación, costos y endeudamiento altos, tributación al tope, combustible, agua, gas y electricidad no bajan, escasa inversión, crecimiento enlentecido pero incesante; el país es caro porque es pequeño, produce poco, no hay mercado interno y el Estado sirve y da los mejores servicios posibles (salud, educación, empleo, seguridad), ejemplares en el mundo.

También se quejan los copetudos rurales. Es su vicio. Extranjerización del campo: lo vendieron ellos –igual que los frigoríficos y las grandes arroceras (a brasileros, su competencia)-; rentas por las nubes: las cobran los terratenientes a quienes invierten; dólar chato: ¿quieren mayor inflación?; costo del Estado: en cuya virtud habría que podar beneficios sociales; se quedan sin mano de obra: “el chiquitaje se va pál pueblo”. Pero: ¿crecen o no las exportaciones (carne, soja, lácteos, lana, madera)?; ¿quiénes engordan con eso, todos o los mismos de siempre?

Uruguay vende comida; depende de lo que coloque afuera para solventar su funcionamiento; históricamente sólo grandes fortunas entran en esa carrera; dentro de fronteras abastecen las pymes, urbanas y chacareras –por eso las protege especialmente el gobierno: porque les va la vida en ello y porque los pudientes pueden. Producir para exportar implica poseer tecnología y enormes capitales; es un negocio a gran escala; en definitiva, los  “orientales” que giran a nivel internacional atomizan a los paisanos: “Todo Uruguay” es de algunos.

Blancos, colorados y dependientes no pueden hacer que la factualidad cambie de sexo: la región, el continente y el mundo muestran cómo viene la mano: ¿van a terminar con lo que se da? Gritan y joden por subir al tablado. La derecha quiere trepar al carro –para usar motosierra con conquistas sociales. Fomenta desconformidad –para no decir la ira. Usan lupa y telescopio para mirar la piel del gobierno. Denuncian –aunque el poder Judicial esté ya actuando en el caso. Quieren bulla. Anuncian males futuros: ¿por qué habrían subido ellos?

El FA debe recordar millones de veces sus logros; explicar hasta el cansancio la situación; gestionar como lo está haciendo; afirmar la unidad –propia y del país-; apostar a su calidad programática; mantener el rumbo; estar atento al acontecer planetario; proponer: pobreza cero e completa integración social –lucha de cada momento y de larga duración.

Confiar en que los frentistas se decepcionan de a ratos –como todos los humanos-, son mansos luchadores, defienden lo que han forjado y, a espaldas de augurios, siguen siendo la mayoría silenciosa que sabrá expresarse.

Cuando toca, toca. Es lindo, tras rezongar un poco, chiflar y cantar.

Jose Luis Baumgartner Abogado, periodista y escritor.